El dinero brilla… ¿aquí también?

Disfruten de una nueva entrega de "Camiseta 10" por Cristóbal Guerra

Los albores de las pretemporadas se despejan en el fútbol de Europa. Los clubes llaman a los campos desolados y los jugadores desperezan sus días de festivas vacaciones. Se cuentan sus aventuras, ríen con las pequeñas historias, y de pronto llegan los directores técnicos con sus caras malhumoradas como signo de autoridad.

Andan con carpetas bajo el brazo derecho y papeles con nuevos y viejos esquemas “porque esta temporada todo va a ser diferente”. Debe tratar con futbolistas, pero con futbolistas millonarios, todos esos tipos que han dejado atrás sus punto de partida y ahora miran la vida desde lo más alto.

El señor dinero brilla, todo lo dirige, y las mentes de esos hombres solo ven en el horizonte un porvenir en yates y autos de quinientos mil dólares. Ah, que distinto el remoto pasado, cuando los futbolistas se despedían de las canchas en procura de algún trabajo para seguir viviendo…

Mientras todo esto pasa en Europa, en América las cosas marchan en otro ritmo. La melodía tiene diferentes acordes, porque aunque la plata también llega, las proporciones son groseramente diferentes. Brasil, México y Argentina pagan duro, aunque las cantidades no se parecen a Inglaterra, España, Italia, Francia y Alemania.

Más abajo, pues Colombia y ya; los demás sobreviven con su reputación de países futboleros y soñando con un mañana mejor. ¿Y Venezuela, cómo van las cosas por aquí? ¿Quién alumbra al fútbol nacional? las cosas no están tan mal, como se podría deducir. La Confederación Suramericana sale en su auxilio, y clasificar a los torneos internacionales es un alivio del cielo.

No importa que los equipos venezolanos apenas hayan conseguido ocho de setenta y dos puntos y solo ganado dos partidos de veinticuatro este año, porque la región los necesita para no descuadrar sus esquemas de competencia.

Los afortunados que van a las copas Libertadores y Suramericana alcanzan el premio mayor, y es por eso que se brindan generosos y a morir en los campeonatos locales con tal de entrar en los copones donde se arman los sorteos de los clasificados…

Por eso no es poca cosa entrar en la nómina de los equipos clasificados. Ahí puede estar, en teoría, la plata que se procura. Además, y tal vez esto sea lo más importante, es la santa posibilidad de viajar, de que los vean y los lleven a otras realidades más prometedoras. El fútbol, pues, no es en Venezuela una visa a la gloria, pero tampoco un salto al vacío.

De súbito, y cuando menos se piensa, puede sonar el teléfono celular y del otro lado oír una voz que diga: “Buenas noches. ¿Usted quisiera jugar en otro país? Para eso le estoy llamando”.

Nos vemos por ahí.

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