La guerra está declarada. Infantino sí, Infantino no. Todo parecía ordenado, en calma callada, pero con las federaciones europeas alerta, y como dice Rubén Blades en “Adán García”, en la tranquilidad del desesperado. La ruptura comenzó en el Mundial de Estados Unidos-México-Canadá. Quizá ya había cierta disposición contra en presidente de la Fifa, nacida cuando el hombre anunció que le gustaría montar el Mundial cada dos años y no cada cuatro, como ha sido desde casi un siglo.
Aquella medida, que para muchos resultó un descabello propio de un orate, estaba ahí, pero como los caimanes del río Orinoco, con un ojo cerrado y el otro abierto por si llegaban los enemigos. Infantino, montado en la grupa del potro presidencial de Estados Unidos, no habló más del asunto. Había convocado a un mundial que solo existía en su cabeza para pulsar la atmósfera, pero ante el rechazo recogió el guante y se entregó a lo que se le venía encima…
No estaba feliz. Sabía que el fútbol necesitaba una innovación y entonces, consultando en secreto con sus adláteres, soltó el bombazo: “El Mundial lo vamos a vender a empresarios interesados. Va a ser un impulso genial para todo el fútbol”. La primera impresión fue de asombro: ¿vender el Mundial? Sí, porque siempre se le ha considerado como la fiesta de los países, de los pueblos, una propiedad de todos y a la vez de nadie.
Entonces, y por más que lo aclaró, por más que se desdibujo con palabras altisonantes y con excusas de arrepentimiento, de la herida ya manaba sangre. Ya había desandado el camino y la poderosa Uefa, la enorme Asociación de federaciones europea, no cree en el él ni en sus dudosas y a la vez, según se dice, maliciosas intenciones…
¿Qué busca Infantino?, ¿el bien del fútbol o el beneficio personal? No es posible saberlo, porque toda la protesta ha sido retórica, sin pruebas en la mano. No es posible conocer su bondad-maldad, o si él es, como dice un cantor, es “ángel o demonio”. Lo único que ha cambiado en el fútbol, y como una fuente de ingresos para algunos “sponsors”, ha sido la pausa para refrescar a los jugadores.
De resto todo parece igual, pero en la vida y también en el fútbol, nada es lo que parece. Gianni Infantino no ha colgado los guantes del combate. En marzo será el Congreso de la Fifa, y el hoy presidente quisiera seguir siendo presidente. Lo adversan la Uefa, que es casi como obligarlo a la renuncia, pero no sabemos si en las demás federaciones habrá unanimidad. En estas elecciones hay oscuros movimientos, sibilinas pasadas de mano, y el que hoy está en contra mañana votará a favor. Infantino sí, Infantino no. Un quilombo, como se dice en Buenos Aires.
Nos vemos por ahí.




