Japón-Surcorea raíces cercanas

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Vistos los primeros minutos del partido no era difícil predecir que Japón no pasaría de largo, que a la Vinotinto no iban a hacerla pedazos. Venezuela comenzó con orden y lo mantuvo un buen tiempo, hasta que en la segunda parte del segundo tiempo se vio a los nipones tomar el control y fomentar un fútbol con volumen, aunque sin aquella chispa tan necesaria cuando llaman al arco enemigo. Con Yangel Herrera tratando de imponer leyes y Cristian Cásseres en una colaboración que se agradece, los venezolanos de cierta manera balancearon un partido en el que la Vinotinto nunca se atrincheró, temerosa, y en el que también tuvo sus oportunidades, aunque habrá que decir que falló en dos cosas fundamentales del fútbol: una fue en la entrega del mediocampo, aun deficiente, y otra fue en la coronación y finalización. En el orden antes citado llevó la bandera la zaga central, poblada con tres hombres, Nahuel Ferraresi (mucha personalidad la de este defensor), Yordan Osorio y Christian Makoun, para salir con propiedad y comenzar a armar la construcción de algo, de una búsqueda…

Venezuela, en suma, jugó un partido aceptable y dentro de sus límites. No se le podía pedir más en un capítulo no oficial y ante un adversario que futbolísticamente va un poco más lejos. Japón modificó su equipo inicial al cambiar nueve hombres, porque para ellos el perfil del juego era un ensayo dentro de una planificación que ya lleva años. Para la VInotinto también fue un experimento que al final de todo resultó de buen hacer. Oswaldo Vizcarrondo va midiendo y pesando en un trabajo serio, y este partido tiene que haber sido útil para su proyección a largo alcance. Exigir otra actuación más convincente era ir muy lejos, porque episodios así, y dicho por Vizcarrondo, no son para buscar puntos en una clasificación, sino para observar lo que se tiene y adónde se puede llegar…

Ante Corea del Sur las cosas van a ser de fútbol parecido, pues son dos escuelas de cercanas raíces asiáticas. Mientras los japoneses son saetas en la maniobra y en la búsqueda del objetivo, los coreanos son un poco, digamos, más “burocráticos” en procura del arco rival. Además, hacen algunas concesiones en el sitio a quien en ese momento tenga la pelota. Pero no es para confiar; son igualmente veloces, peligrosos en sus evoluciones y en sus llegadas de filos ardientes. Y, como los nipones, no se andan con chiquitas para meter el “dron” de fuego cerrado a la cabaña del otro. Así pues, que la actual está siendo una gira provechosa, de conocimientos y experiencias, a la que aún le quedan dos grandes jornadas.

Nos vemos por ahí.

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