José Peseiro en la incertidumbre

Después de haber pasado por la dirección técnica de seis países, la experiencia más dura de enfrentar le ha tocado en su séptimo intento: Venezuela. Por aquí lo encontró el virus, tan lejos de su gente en Portugal, y con su porvenir con la selección Vinotinto nebuloso y en veremos. Hace unos días surgió, como surgen tantos comentarios en días confusos y turbulentos como lo que ahora se viven, que José Peseiro iba a dejar, luego de un arreglo con la Federación Venezolana, al equipo nacional. No había razón, decían, para mantenerlo por ahí, haciendo planes en papel mojado y sin un horizonte por descubrir. Pero, ¿dejarlo ir para qué, con cuál finalidad? ¿Para volver entonces a los momentos de angustia vividos hace unos meses cuando el portugués apareció como de la nada? ¿Para poner a quién, comenzar otra vez a buscar en el pozo sin fondo de la incertidumbre?…

Porque incertidumbre es lo que rodea a Peseiro y al fútbol, de aquí y de cualquier lugar del planeta Tierra. Luego de estar parado durante casi dos años, no obstante ser un entrenador de cierto prestigio internacional, Peseiro llegó ilusionado y con la misión no solo de afinar a un seleccionado fundamentado en los jugadores que andan por el mundo disputando partidos ardientes, sino de devolver a la afición la maltrecha fe. Mas, como la vida es una tómbola donde mil razones se debaten por salir en un sorteo incierto, le tocó no poder reunir, ni siquiera una vez, a los jugadores. Con algunos de ellos habló telefónicamente, a otros visitó, pero no pudo cumplir el deseo ferviente de verlos juntos y felices entrenando y jugando en una cancha de fútbol…

Y entonces, en septiembre de este año, Peseiro, la selección y el fútbol venezolano tendrán que encontrarse, los jugadores volverse a ver,  saludarse, y preguntarse ceremoniosamente “¿Cómo te está yendo en ese país?”. Comenzará la rueda del Premundial a dar vueltas, y la Vinotinto a decirle a sus rivales de entonces de qué se está hecho y cómo se ha armado. Preocupa que no habrá mucho tiempo para meter a los jugadores en el estado ideal, en su forma de juego, pero poco va a importar porque si algo de bueno ha tenido este coronavirus, eso ha sido el igualarnos a todos en lo social, en la solidaridad y en el fútbol. Y si el fútbol de Venezuela sufre, el de los demás también pasa por los apuros y las angustias del tiempo actual. En fin, reflexiones nunca vistas, nunca vividas, en un mundo que parece que quiere ser nuevo y que quizá podría traer, en la grupa de su caballo salvaje, una cultura de igualdades. Nos vemos por ahí.

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