Cada año, cada época, tiene sus particularidades. Este 2026 ha sido es de los adioses de aquellos que, de alguna y de muchas maneras, cautivaron a la gente de aquí y de allá, de este y de otros continentes; por ahí flamearon sus pañuelos de despedida. El último de los combatientes que se ha ido ha sido Tomás Rincón. El andino, aun con buen fútbol, se va desde el Santos, y vaya que han sido pocos lo que han consumado su partida desde equipo tan glorioso. Rincón ha sido, quizás, el único jugador venezolano en ser parte de un club del jet-set mundial: Juventus. Cierta vez Jefrren Suárez estuvo brevemente en el Barcelona, aunque como jugador español pues tenía la doble nacionalidad. Atrás quedan las improntas de Rincón en Alemania, Italia y Brasil como uno de los jugadores ms serios, comprometidos y capaces que haya dado el fútbol nacional en cualquier tiempo…
Por ahí también se van Lionel Messi, aunque parcialmente pues se mantiene en acción en Estados Unidos. No estará más con la selección, pero sigue paseando sus gestas en aquellas tierras del norte de América. Así está pasando con Neymar, el hombre perfecto para aplicar aquella máxima futurible del que pudo haber sido y no fue. Triunfó en el Barcelona y fue un ídolo en Brasil, pero por diversas razones no llegó a la cúspide. Ya Carlo Ancelotti, director técnico de la selección “amarelinha”, anunció que no lo llamará más. Así que Neymar, mitad crack, mitad frustración, mantiene su llama semi apagada, semi encendida en el fútbol de su país, y con la nostalgia de no haber sido el jugador que con ruido de samba y redoblantes se anunció en el gigante Amazonas. Por ahí anda también James Rodríguez, quien luego de su suceso en el Mundial Brasil2014 cundo fue al Real Madrid, y de rodar por el mundo del fútbol, ha vuelto a Medellín, a sus raíces, a despedirse de la selección colombiana y de las canchas. Se van los muchachos, como se van todos, porque el fútbol, gracias a Dios, no es eterno para ningún jugador…
Estas líneas van para Juan Vené. El cronista del beisbol durante siete décadas, admirado por muchos, menos querido por otros por su particular manera de ser, ha dejado huellas imborrables en el universo de la pelota. En los años cuando quien escribe fue Jefe de Deportes del diario El Nacional, Vené mantuvo durante un tiempo su columna. Allá terminó sus días en medio de una confusa situación, mas, el periodista siguió su labor en otros medios y en los años recientes aquí en Líder. No mantuvimos con Vené una estrecha amistad, es verdad, pero sí reconocemos que su aporte a la historia del beisbol resulta, para las nuevas promociones de comunicadores sociales, invalorable.
Nos vemos por ahí.




