El éxito atraviesa el espejo y detrás, en la otra dimensión, toma de la mano y trae al mundo real a los hombres nacidos para vencer.
Seguramente que Rafael Dudamel es uno de ellos, porque sus logros con la Vinotinto le han dado las llaves que abren los portones del fútbol internacional: él estaba desde hacía un tiempo detrás del espejo a la espera de poder demostrar su verdadero valor.
Recordemos: el antiguo arquero llegó al equipo nacional con dudas y un halo de incertidumbre a su alrededor. Acababa de fracasar Noel Sanvicente al frente del equipo nacional y la Federación Venezolana, desconcertada, sin oriente ni brújula, miraba hacia los lados en procura de una salvación. “Y ahora, ¿qué hacemos? ¿A quién le damos la selección?”. Entonces, desde el juvenil emergió el hombre nacido en el estado Yaracuy y, con determinación de salvavidas dijo en voz alta: “Yo la tomo”.
Corrió los riesgos del mundo, pero ya la rueda había dado la primera vuelta. Copa América, partidos amistosos, y el apellido, asociado a otro igual y también triunfador al comando de la Orquesta Nacional Juvenil, llamó la atención de toda Suramérica. “¿Quién es ese Dudamel?”, preguntaban los directivos de nuevo cuño de los clubes del continente. “Ese fue un gran arquero en Venezuela, Colombia, Argentina y Suráfrica. Ahora es el director técnico de la Vinotinto y cuidado con ese equipo, que ahora, bajo su mando, es un adversario con las armas en pie de guerra”, les respondieron los más avezados dirigentes de equipos.
Probó el fracaso como jugador de la selección venezolana en copas América y Premundiales, y ahora sabe lo que es ganar. Ya llegó al Mundial 2017 y fue vice campeón ante Inglaterra con el equipo Sub 20, y acaba de derrotar a Japón con la de mayores. Ahora, ante sus logros, al fraguar una generación de jugadores dispuesta a dejar la piel en la ya cercana clasificación mundialista, se abre en el sendero un cruce de caminos. Por esta vía, llegar al Mundial de Catar 2022 con la Vinotinto es una obsesión inocultable; por el otro rumbo, tomar las riendas del Atlético Mineiro y ponerlo en la cima del Brasilerao es una aspiración. Entonces, ¿cuál ha de ser la dirección que marcan los dioses del fútbol? Esa es la paradoja del vencedor, la metáfora del Señor Sommer en la novela de Patrick Suskind. Ah, la Vinotinto es una realidad; el Mineiro, una luz en el horizonte.
Un rara especie
Los fichajes y los goles de la muchachada venezolana activan los resortes del entusiasmo en la afición nacional, y no muchos alzan la voz para hablar de la presencia de técnicos salidos desde las canteras del país para ir a esparcir conocimientos y dirección en otras latitudes. Ya son cuatro los de esta todavía rara especie: Richard Páez estuvo en Perú, Colombia y Ecuador; César Farías en México, India, Paraguay y hoy en Bolivia; por estos días Francesco Stifano anda por Colombia, y ahora, como última noticia del fútbol criollo, aparece en el plano mayor Rafael Dudamel para ir a Brasil. ¿Quiénes serán los próximos?





