Maradona: 7 episodios, 7 bailes

No sabemos si el oficio de ser técnico de fútbol se ha degradado en estos tiempos difíciles o si es una nueva manera de dirigir, pero para quien escribe, que se ha pasado casi toda la vida viendo fútbol, le ha resultado curioso, e inclusive humorístico, ver a Diego Armando Maradona, nada menos que a Maradona, convulsionando en el camerino de los Dorados de Sinaloa ante el entusiasmo desmedido de sus jugadores. Han sido actos entreverados entre lo extraño y lo novedoso, entre lo gracioso y lo rocambolesco.

Movimientos de hombros y cintura y hasta la ya famosa “vueltica” forman parte de los bailes del hombre, llevado a México en el afán de mejorar el fútbol del equipo de Culiacán, y también sus extenuados ingresos y asistencia al desolado estadio Banorte de la ciudad.

Para José Antonio Núñez, presidente de “El Gran Pez” y de algunas cosas más, fue un logro insospechado y feliz que en virtud de sus contactos se pudiera conseguir que uno de los grandes jugadores de la historia, y seguramente el más polémico, haya llegado al seno del equipo para ayudarlo a levantar cabeza. Hasta entonces, 2019, Maradona era presidente de la junta directiva del Dynamo Brest, allá en la lejana Bielorrusia, pero el ofrecimiento de los mexicanos era de una tentación irresistible, y Diego no se aguantó.

Todo este entramado de Maradona dirigiendo y bailando a la misma vez, con su espesa barba y su hablar lento, a veces demasiado lento, y su pantalón de mono remangado y aquel dolor en la rodilla derecha, es posible seguirlo en “Maradona en México”, de Nexflix, un seriado de siete capítulos en los que se hace un seguimiento milimétrico al ascenso de Dorados hasta la final de la segunda división mexicana, con el “10” dirigiendo las operaciones e inspirando a sus jugadores para que dieran todo de sí. El equipo llegó hasta dos decisiones de la Liga de Ascenso, pero nunca pudo dar el gran salto a primera, el objetivo de la llegada del antiguo dueño de las canchas de Europa a Sinaloa.

La serie, bien estructurada, ofrece un compendio de los pasos de Diego por la tierra de los aztecas, en los que se demuestra una vez más que, pese a todas la cosas que se dicen de Maradona, algunas ciertas, otras no tanto, mantiene a su alrededor esa aura que lo hace un ser diferente. Para bien o para mal. Candidato al cielo o recomendado especial para el viaje al infierno, siempre hay pasión en la tertulia para elogiarlo o denigrar de él.

Parnaso a la argentina

El Parnaso fue la montaña reservada para el dios Apolo y donde residían las musas de la mitología griega. Y, en sentido figurado, así sucede en Argentina, con seres idolatrados que parecen estar fuera de este mundo. Partiendo de Juan Domingo Perón, Evita, Carlos Gardel, Carlos Monzón y Sandro, hasta llegar a Diego Armando Maradona, para los argentinos son ellos los únicos habitantes de su monte sagrado. Pocos países en el mundo sienten esa pasión por su gente amada: “Mirá, ahí va Dieguito”, dicen cuando lo ven pasar por las pobladas calles de Buenos Aires, y al tocarlo sienten como quien toca al mismísimo Apolo.

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