Si el futuro manejado por la llamada “inteligencia artificial” asusta, ¿podría haber hoy en el mundo algo más peligroso que las mujeres al mando de un equipo de fútbol profesional?.
No conformes con expandir el fútbol femenino por casi todo el planeta, con un Mundial en Australia y Nueva Zelanda que rebasó todos los cálculos de público en las gradas y de interés televisivo mundial, y de tener árbitras en diversas ligas importantes, ahora “asaltan” una función que desde tiempos inmemoriales estaban destinados a los hombres. Mujeres en oficinas bancarias, mujeres dirigiendo empresas, mujeres en todo… hasta conduciendo equipos de fútbol.
¿Fin de mundo o todo está al revés?
Alemania dio la alarma; se encendió la luz roja, ladraron los perros. Marie-Louise Eta asumió la empinada empresa de dirigir al FC Unión Berlín, para convertirse en la primera osada mujer en llevar los destinos de un equipo de las cinco grandes ligas de Europa.
Con los “pantalones bien puestos”, con el guáramo femenino a flor de piel, la entrenadora se acomodó como interina en el lugar de mascarilla de proa de un equipo difícil, de actuaciones irregulares y casi siempre de la mitad de la tabla para abajo (hoy en el puesto 16 de 18 equipos en la Bundesliga), en sustitución del despedido Steffen Baumgart. Desde ahí ha retado prejuicios ancestrales, aunque, en correspondencia con el desarrollo en todos los órdenes del país germano, son complejos bastante menores que en América del Sur. Al vencer al Mainz, por 3 a 1, se convirtió en la primera en ganar un partido en los principales circuitos europeos. Es decir, fue la pionera de este movimiento renovador del fútbol, donde quiera que se juegue.
Poco a poco para llegar lejos, las mujeres han ido escalando la alta cima impuesta por los varones. A Marie la han emulado otras chicas, aunque, ninguna ha llegado al primer nivel. Carolina Morace dirige al Viterbese, en la serie C de Italia (tercera división), y Sabrina Wittmann dirige al FC Golstadt en la tercera de Alemania. Hace poco el Turgutlu, de la sexta categoría de Turquía, nombró a Zeinep Mestan para llevar al equipo de la ciudad de Manisa, al oeste del país, sin haber dirigido nunca en ninguna división. Lo curioso es que fue nombrada la joven de veintidós años de edad para el cargo solo por tener miles de seguidores en la red instagram. Vaya camino el que va tomando el planeta entero.
Entretanto, Suramérica trata de dar respuestas al avance femenino del otro continente. En Brasil, siempre Brasil en el fútbol, Nivia de Lima controla al Chapecoense, integrante de la elite en el torneo Brasilerao, aunque sin fortuna: marcha en el puesto 20, último, del exigente campeonato nacional.
La “inteligencia artificial” está en marcha. La “inteligencia femenina” le anda al lado. Ahora la vida es otra.
Prejuicios, complejos, exclusividades
Los constantes reclamos de los jugadores alrededor de las árbitras son poca cosa si los comparamos con los prejuicios enfrentados por las mujeres en la sociedad; en el fútbol no ha sido menos. Luchando con los hombres a todo evento, asumiendo desafíos históricamente perdidos, ellas han derribado todas las barreras para asumir su trascendente papel. Salen a la cancha con seriedad “masculina”, por así decirlo, y llevan el partido con una admirable seriedad. Con las entrenadoras sucede algo parecido. Llegan a los bajos del estadio ante las miradas a veces incrédulas, a veces curiosas, de aquellos que siempre han considerado el oficio como de exclusividad masculina.
Aparecen, llaman a sus jugadores al camerino, dibujan en la pizarra las posiciones y dan las indicaciones tácticas. Luego, ya en el partido, gritan con autoridad, con actitud indiscutible, y los futbolistas, que ya se han ido habituando a la idea, entienden y obedecen los criterios que aquella voz tan absolutamente femenina.




