En una edición de la semana pasada, leímos en “Líder” una nota de Andrés González en la que hacía un recuento de las cinco coronas colocadas en la cabeza del Portuguesa FC en los años 70 y comienzos de los 80, época en la que el equipo de Acarigua ejercía su dominio en el fútbol nacional.
Hablaba el texto de gestas victoriosas, de su participación en las copas Libertadores de entonces, y de que en una de ellas, en 1977, aunque a los periodistas y aficionados de hoy les parezca un imposible, llegó hasta las semifinales del torneo suramericano. Por entonces el Portuguesa no se andaba con chiquitas para contratar a grandes jugadores, y por eso trajo a Jairzinho, campeón mundial en México 70 con la selección de Brasil, por 250 mil dólares.
Entonces, leyendo el recordatorio de González y atacados por los faros intermitentes de la nostalgia, nos vinieron a la memoria algunos de aquellos jugadores de entonces; ¿qué se hicieron, por dónde andarán hoy?…
Sabemos de algunos. Jairzinho es entrenador de un equipo de Cabo Frío, lugar turístico del estado de Río, donde ve pasar la vida frente al océano Atlántico. Luis Mendoza, crack de entonces, ve el fútbol por televisión mientras se recupera de una afección que lo aqueja desde hace algún tiempo.
Carlos Moreno, jefe del mediocampo, dejó la vida en 2021 en su natal Buenos Aires. Miguel “Pocho” Echenaussi vive en San Cristóbal, ciudad donde se erradicó desde los días del Portuguesa. Richard Páez mora en Orlando y se reúne algunas veces con Ricardo David, su hijo, quien es entrenador en Cincinnati. Iván García, el mejor cabeceador que ha dado el fútbol venezolano, se fue del mundo en un accidente automovilístico.
Solo hemos rememorado a este grupo porque algunos de ellos se nos han perdido en el diario vivir de cada quién, en la geografía de la cotidianidad. Y habría que traer, también y como una de las más resonantes hazañas del fútbol criollo, la victoria 3-0, del Portuguesa en el 77 sobre el Internacional de Porto Alegre, por entonces campeón de Brasil del año anterior, con Falcao en el mediocampo, Elías Figueroa en la defensa, y Manga en el arco. ¡Vaya goleada sobre la aristocracia de Suramérica!…
No sabemos si este recordatorio está dominado por lo perdido, o si es el reconocimiento a un equipo que movió un respeto en toda Suramérica y que hoy procura también alcanzarlo la Vinotinto. Como quiera que sea, y aunque ahora los equipos no consiguen su lugar internacionalmente, el fútbol venezolano de hoy es más auténtico que aquel, en el que predominaba una presencia de extranjeros que ya, en los campeonatos actuales, con decenas de jugadores criollos, no existe. Nos vemos por ahí.




