Se acabó el cuento: ¿y ahora?

Si algún pájaro de mal agüero llegase a revolotear sobre todo lo que se llame Venezuela, seguramente se posaría sobre el fútbol nacional. Para empezar: en el reciente Preolímpico no nos pareció ver a jugadores criollos con talante para ser imprescindibles en el equipo mayor: solo Yeferson Soteldo levantó la cabeza. Pero un momento, porque aquí puede haber errores de apreciación: Soteldo es virtuoso y deslumbra por sus posibilidades de decidir un partido, cómo no, pero a menudo se lo “chupa” la pelota, como se dice en los corrillos, y con su regodeo con el quiebre, con su embriaguez de engaños al contrario deja que la zaga rival llegue y se arme. Revise un video de los partidos de la Vinotinto y se dará cuenta. De resto, solo algunos detalles de muchachos utilitarios y correctos, capaces de conformar alineaciones, pero poco más. El equipo, como grupo, como cuadro respetuoso del dibujo táctico, no cumplió. Solo ganó un partido en el que las ocasiones de gol fueron más de Ecuador, y en las derrotas fueron evidentes las carencias de futbolistas que poco entendieron para dónde había que ir…

Después, todo el hilarante y rocambolesco asunto acerca del director técnico para la Vinotinto. Da risa. Venezuela, última en el pasado Premundial, es la selección que más ventajas da. Si hacemos un inventario serio, han sido unos quince entrenadores lo que han sido “nombrados” como el hombre que va a dirigir a la selección en la clasificación al Mundial y la Copa América. Y pasaban los días, y a un mes y veintidós días (el pasado lunes, día del anuncio) del comienzo de la batalla al fin en la línea del horizonte ha aparecido el tipo. ¿Y saben cuál podría haber sido el pico más alto del ridículo nacional? Que cuando faltaran unos pocos días para el primer partido ante Colombia, la Federación le ofreciera la selección a Richard Páez o a César Farías; y estos, pura dignidad, puro amor propio, seguramente habrían dicho: “¿Ahora sí? Pues ahora no”…

Entonces, extraviados en el bosque de las indecisiones, perdida la visión en el follaje de la incertidumbre, aparece un cruce de caminos: ¿cuál tomar? Y cual tomar en varios sentidos: uno, para pensar y ver cómo se resuelven las deficiencias individuales y colectivas del equipo en el Preolímpico; y otra: para encontrar por dónde comenzar ya, sin que se escape un minuto más, el trabajo con José Peseiro. Vienen días de fuego, de enloquecidos partidos, y habrá que meter alma, vida, corazón y agallas y transformarse en kamikazes del fútbol para llegar a algún lugar y entregarle al país un viaje a Catar que cambie la historia del fútbol venezolano, un hecho social sin precedentes en el devenir nacional. Nos vemos.

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