Ocho televisores en la vidriera de exhibición de una tienda en un centro comercial están encendidos. En cuatro de ellos pasan publicidad del mismo negocio, en otros dos cuñas de cualquier cosa, y en el resto, dos más, las imágenes del Atlético de Madrid-Real Madrid. Los viandantes detienen su paso, se apiñan y miran curiosos hacia los aparatos del negocio. Pero no están echando ojo hacia los anuncios del local o los de desodorantes, de cauchos para carros o poltronas mágicas para que no duela la espalda. Los caminantes están atentos para seguir las incidencias del fútbol, de las jugadas, los goles y los abrazos efusivos de los jugadores. Los espectadores de la vidriera también celebran o se entristecen, dependiendo de a quién le va cada uno, y el partido continúa. Un hombre pasa y ve con indiferencia a los futboleros, se sonríe y dice para sí: “El fútbol: ¿y a mí qué me importa esa vaina?”…
Así es. No se puede negar, por favor, lo que pasa en el fútbol, porque todo lo que le pasa al ser humano en el planeta forma parte el entramado social. Sí, es verdad: no se puede estar al margen de las cosas, pero ¿no es esta una visión muy particular, muy extrovertida, algo arrogante? La otra mirada de la vida dice que para donde se debe dirigir la atención es hacia adentro. Entonces, veamos el fútbol. Que un Atlético-Real Madrid llame la atención popular es un hecho impositivo, puesto tiránicamente por los medios de comunicación en el gusto de la gente. Hasta hace algunos años oír hablar del Barcelona, el Madrid o el Sevilla era un hecho distante, fuera de todo alcance. Pero no se contaba, entonces, con el crecimiento desmesurado de los medios de comunicación, de la proliferación de la imagen (esta es la verdadera figura de la revolución universal), y con ello, cargándolo en sus espaldas, los nuevos conceptos del internacionalismo noticioso. ¿Importan el fútbol español o de cualquier lado del mundo, o más bien un Táchira-Caracas?…En pocos días la Vinotinto emprenderá su aventura asiática, el próximo lunes ante Japón, luego el dos de octubre irá frente a Surcorea, y finalmente, el seis del mismo mes, con Jordania como adversario. Como suelen ser estos partidos, estas también serán de buen pie para ir auscultando lo que se tiene, de lo que es capaz cada jugador. Son lances en los que los marcadores no tienen la misma importancia que en los juegos oficiales, y solo servirán como guías de ruta. Aquí cobra importancia la manera de cómo los valoricen los rivales. Recordemos otros partidos ante los japoneses, en los que la presencia de sus jóvenes, futbolistas ascendentes, restó certezas a la evaluación venezolana. De esto hablaremos en pocos días.
Nos vemos por ahí.




