El fútbol polifónico de Saragó

Disfruten de una nueva entrega de "Visión de Juego" por Gerardo Blanco

El fútbol polifónico y adaptativo que ha llevado a la cancha Eduardo Saragó, primero en el Deportivo Táchira, y ahora con la Academia Puerto Cabello, desde que volvió al banquillo en 2022 ha marcado el fútbol nacional en los tres últimos años. El entrenador caraqueño demostró que la pausa realizada por un lustro, tras su salida del Deportivo La Guaira en 2017, sirvió para continuar actualizando sus ideas, añadir más herramientas a su trabajo de formador y plasmar en el terreno una manera de jugar que lleva su particular sello identitario.

Con Táchira, Saragó logró armar un equipo coral que devolvió al aurinegro un estilo de juego rítmico, asociativo, de dominio a través de la posesión del balón y el uso eficaz de la pelota para moverla, abrir espacio y filtrarla al lugar exacto, mediante la habilidad de Maurice Cova y Gonzalo Ritaco como maestros del toque a ras de césped. Aunque por diferencias con la gerencia del club, Saragó debió salir del equipo, el Táchira conservó intactas el fútbol propositivo del DT capitalino que le valió al aurinegro obtener el bicampeonato, aunque fuera Edgar Pérez Greco quien se llevó la gloria ajena del segundo título.

En la Academia Puerto Cabello a Saragó le costó un semestre articular la nueva propuesta que tiene al cuadro quiróptero a las puertas de conquistar el primer título corto de su historia. A diferencia del Táchira, donde Saragó contaba con jugadores con una gran sensibilidad en los botines para ir tejiendo las jugadas de manera sincrónica, progresiva, el equipo Porteño tiene otras características propias del fútbol adaptativo que propugna el DT caraqueño.

En la Academia, Saragó no cuenta con los laterales como Roberto Rosales y Nelson Hernández que podía adoptar posiciones internas como volantes, llegar hasta el fondo y meter el pase atrás como extremos o finalizar la jugada en plan de delanteros. Por eso, el fútbol polifónico de los porteños pasa por otras voces. Sin laterales con gran profundidad, el juego pasa por la velocidad que imprime en las transiciones el ghanés Awudu que con sus potentes zancadas gana metros y genera espacios para que Jayson Martínez, Junior Cedeño y Dimas Meza organicen las jugadas que tienen como fin último encontrar la rendija para que Edwuin Pernía, el mejor finalizador del fútbol nacional, traduzca en goles el dominio que ejerce Academia con su mezcla de toque y velocidad.

La orquesta de Saragó está de nuevo afinada y lista para ofrecer otro concierto en el estadio Misael Delgado con ese fútbol que se adapta a las circunstancias del juego y ha prevalecido en la escena de la Liga Futve.

Carabobo juega al ritmo de Orozco

Carabobo perdió parte de la esencia que había tenido bajo la dirección del técnico español Diego Merino, que llevó al granate hasta su primer título corto de la historia y a la final del campeonanto ante el Táchira. Aquel equipo era más colectivo, tenía más fórmulas para atacar a partir de la prolijidad que Gustavo González y Carlos Sosa aportaban en la mitad del campo para que Flabián Londoño castigara a los rivales en el área.

Bajo el mando de Daniel Farías, Carabobo se volvió un equipo más reactivo que transpira orden por los cuatro costados, es muy fuerte e inexpugnable para cerrar los espacios con una última línea de tres defensores y dos carrileros cortando las líneas de pases.

Pero si el Carabobo de Merino buscaba armar las jugadas con más dedicación, el equipo de Farías ha sabido aprovechar como ningún otro club a su fichaje estrella de la temporada: Yohandry Orozco. De allí que el cuadro granate no necesit mayor elaboración. Solo requiere que balón llegue limpio a los botines de la zurda endiablada del zuliano para que la magia se produzca. Con un enganche, Orozco limpia el camino de minas y mete un pase luminoso en el corazón del área, saca oro de una jugada de pelota detenida o él mismo puede iniciar y culminar la jugada como hizo en el primer gol ante Caracas maniobrando entre varios defensores para soltar el bombazo. Si la Academia lo deja libre, Orozco puede ser su verdugo.

La propuesta de Vizcarrondo es el camino a seguir en la selección mayor

La inevitable desilusión que provocó la caída de la Vinotinto sub-17 de Oswaldo Vizcarrondo en el Mundial de Catar, no desmeritan ni un ápice el enorme trabajo y la propuesta de juego que inculcó el exdefensa central a sus pupilos. El fútbol propositivo de los chamos; su estilo audaz para salir jugando siempre con el balón atado a los botines; con centrales que se atrevían a ganar metros conduciendo para atraer marcas y conseguir espacios; soltando a los laterales para convertirlos en socios de los mediocampistas para que dieran profundidad fue una ruptura total con el fútbol apocado, reactivo, del pase largo efectivo y los dientes apretados que se impuso a las selecciones nacionales desde los tiempos de César Farías y se extendió hasta los días del argentino Fernando Batista.

Los resultadistas que siempre sacan como bandera que lo único importante en el fútbol es ganar, de inmediato salieron a cuestionar la propuesta de Vizcarrondo y acusarlo de que se había equivocado rotundamente, porque debió resguardarse ante un equipo más potente y veloz como Corea del Norte. Es preferible que Vizcarrondo se equivoque cientos de veces tratando de que la Vinotinto consiga un fútbol que llene los ojos de los aficionados con atrevimiento y las luces encendidas, a que otro entrenador acierte siempre en el puesto, jugando a las escondidas y repitiendo la misma fórmula temerosa de esperar en lugar de crear. Vizcarrondo ya enseñó un camino a seguir en las categorías menores que la FVF debe tomar como modelo y llevarlo a la selección mayor, sin perder tiempo ni comprar más espejito.

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