Hay una creencia casi mística de que la solución para clasificar a un Mundial de Fútbol depende exclusivamente del sistema de juego y los planteamientos tácticos de un entrenador. La verdad es que no basta con cambiar un entrenador por otro para producir un salto cualitativo. El secreto del fútbol ha sido y será siempre la planificación, el entrenamiento y la continuidad de los procesos que se inician en la etapa formativa de los jugadores y concluyen con mayor o menor éxito en los clubes y en las selecciones nacionales.
Si a lo largo de esta década, por ejemplo, se hizo poco o nada para formar en los clubes del país laterales con capacidad para ir y venir por las bandas sin desfondarse ni dejar un tronera a sus espaldas, no se le podía exigir soluciones mágicas a Dudamel ni al técnico que la Federación Venezolana de Fútbol designe para ocupar el puesto.
La FVF buscó primero a José Pekerman y ahora al también argentino Jorge Sampaoli. Pero la gente olvida que el éxito de la selección colombiana está en la formación y generación de cada vez mejores talentos.
Después de la generación del Pibe Valderrama, el fútbol neogranadino creció desde abajo. Surgieron los Radamel Falcao, James Rodríguez, Juan Quintero, Yerry Mina, Duván Zapata y Luis Felipe Muriel, formados por los clubes y la escuela de entrenadores colombianos.
Pekerman no llegó a ordenar ni a planificar el fútbol colombiano. Solo se ocupó de dirigir un proyecto de trabajo que había sido diseñado por la federación colombiana.
El éxito de Sampaoli con Chile también estuvo acompañado por un largo proceso de transformación que había iniciado antes la Federación Chilena de, cuando en 2007 iniciaron un cambio profundo en todo la estructura del fútbol de la mano de Marcelo Bielsa.
Armar un equipo de la nada y llevarlo a un Mundial, como pretende la FVF con la contratación de un mesías de los banquillos, a falta de dos meses para iniciar las eliminatorias a Catar, es una engañifa para mantener entretenido a los aficionados, mientras la dirigencia pone sus intereses en otra parte.
Sampaoli ni siquiera pudo resolver la incógnita que significa Messi para la selección argentina. Con una plantilla que contaba con alguno de los mejores futbolistas del planeta, y con el único genio actual de este deporte, el técnico fracasó en el Mundial de Rusia; al punto tal de que cedió a las presiones de Mascherano, para armar un once a la medida del astro del Barcelona. ¿Si no pudo cambiar a la Argentina de Messi, puede hacer el milagro con la Vinotinto?
La dirigencia de la FVF estafa la credulidad de los aficionados, cuando vende la idea de que Sampaoli o cualquier técnico extranjero resolverá las deficiencias estructurales del fútbol nacional. En lugar de gastarse una fortuna en un entrenador que solo puede garantizar algunos cambios cosméticos, la FVF debería organizar un proyecto, como hizo Bélgica, luego de quedar eliminada de la Euro de Portugal 2004 y el Mundial de Alemania 2006.
Los belgas desarrollaron con las escuelas y clubes de todo el país un proyecto de captación de talentos y formación de nuevos entrenadores en las categorías menores. A partir de ese trabajo, de las fortalezas técnicas de sus futbolistas y del modelo de juego que debían aplicar, contrataron a Marc Wilmots y luego a Roberto Martínez para dar continuidad a una idea. Aquí quieren seguir poniendo el arado delante de los bueyes.
La idea de cambiar el modelo de juego de la Vinotinto fue de Richard Páez
En la FVF nunca ha habido un proyecto serio de trabajo, planificado con propuestas de cambios y metas específicas. Los técnicos llegan y se van de acuerdo a como sople el viento de los resultados. El croata Ratomir Dujkovic le presentó a Rafael Esquivel un proyecto de cambio, a partir de las categorías menores, pero salvo el heroico empate ante Estados Unidos en la Copa América de Ecuador, la Vinotinto siguió inmersa en derrotas. Con el argentino José Omar Pastoriza, la FVF volvió a vender el mismo cuento del proyecto. No había ninguno, al punto que la selección entrenaba en Caracas en el potrero de la cancha de Ciencias en la UCV. Una vergüenza. Richard Páez fue el entrenador que trajo una idea de juego y un plan de trabajo que sí cambió a la selección nacional.
Desfibriladores obligatorios como exige FIFA para atender emergencias
La súbita y dolorosa muerte de Cristian Carrillo, integrante del equipo juvenil del Caracas FC, durante el partido amistoso que disputaba el sábado ante el Atlético Venezuela, obliga a revisar la asistencia de emergencia y primeros auxilios que debería haber en cada instalación deportiva.
Caracas FC es una de las instituciones deportivas que más atención presta a sus jugadores. Sus servicios médicos son de primera calidad y sería injusto atribuirle al club el fulminante ataque cardíaco que sufrió el jugador, quien tras desplomarse fue llevado a un clínica para ser atendido de inmediato.
Sin embargo, hay que tomar más precauciones, además de los habituales exámenes médicos que realizan a los futbolistas. En cada instalación deportiva debe ser obligatorio,como exige la FIFA, que existan desfibriladores externos automáticos para atender emergencias de este tipo, tanto para los equipos como para los mismos aficionados que acuden a los estadios.




