El enorme rendimiento que ha alcanzado la Academia Puerto Cabello en el Torneo Clausura de la Liga Futve lleva la impronta reconocible del técnico Eduardo Saragó. Cuando el entrenador capitalino tomó las riendas, el cuadro quiróptero andaba nuevamente sin rumbo, sumido en el desconcierto de un fútbol intrascendente.
Por el banquillo de la Academia habían desfilado algunos de los entrenadores de más jerarquía del país, pero ninguno logró dotarlo de un corpus táctico consistente para alcanzar el funcionamiento preciso, ordenado y repleto de variantes del que hace gala y que tiene al equipo de Saragó soñando con su primeros título en la Liga Futve y la clasificación directa a fase de grupos de la Copa Libertadores.
La manera incontestable como dominó su llave del cuadrangular refleja el grado de plenitud que la Academia pasea por las canchas y que se mostró de forma más notable en el repaso 3-0 sobre Zamora en La Bombonerita.
En ese juego, la Academia de Saragó ofreció una panoplia de virtudes producto de un trabajo de orfebre. Fiel a su costumbre, controló el juego a partir de la presión alta y muy especialmente de la posesión. Pero a diferencia de otros equipo de la Liga, como ocurrió a lo largo del torneo con el Caracas de Fernando Aristeguieta, y durante el cuadrangular con el Táchira de Pérez Greco, que se adueñaban del balón sin saber luego qué hacer con ella, las posesiones de los porteños están repletas de ideas para dar sentido a cada pase.
En las transiciones ofensivas, el balón se mueve de acuerdo al ritmo que exige la jugada. El pase puede ir en largo para que Awudu se descuelgue a toda velocidad por la banda derecha en procura del contraataque; se ordenan con toques cortos para que Junior Cedeño y Harrison Contreras organicen el avance acompasado; o el balón puede dirigirse a los costados para que Jefre Vargas y Heiber Linares se encarguen de ofrecen amplitud y profundidad. Se trata de un equipo coral como el Táchira al que Saragó devolvió su jerarquía. Pero la gran diferencia con el aurinegro es que esta vez cuenta con el más eficaz delantero de área de esta temporada en la Liga Futve en la figura del “General” Edwuin Pernía.
Da gusto ver jugar a esta Academia por el sincronismo de sus movimientos, la inteligencia en las acciones y la claridad para llegar al área rival siempre generando situaciones de peligro. Los porteños causan temor con sus instintos para moverse a sus anchas por los espacios más recónditos y esa ecolocalización que les implantó Saragó le has permitido salir de las sombras para ir a cazar su primer título.
Talento sin probidad también es un azote en la Vinotinto que debe terminar
El talento sin probidad es un azote, como ya proclamó con suprema propiedad el Libertador Simón Bolívar. La frase en marcada en un contexto de guerra, lucha por la libertad y lucha contra el latrocinio en la administración de los bienes púbicos, sirve también el deporte. La Federación Venezolana de Fútbol haría bien en ubicar carteles en los vestuarios, lugares de concentración y cada una de las canchas del país con esta sentencia imperecedera.
También el próximo seleccionador nacional debería convertir la frase en el santo y seña para realizar las futuras convocatorias. La picaresca de jugadores sobrados, que desconocen las reglas básicas de la cortesía y el respeto, que se mofan públicamente de las decisiones de los seleccionadores interinos como Oswaldo Vizcarrondo y Fernando Aristeguieta, y hacen un circo el hecho de quedar apartados de los llamados, porque se consideran imprescindibles e intocables, deben entender que solamente el talento no alcanza para vestir la Vinotinto.
No se trata de convertir a la selección en una academia militar o un club de monjes tibetanos, pero hay que establecer reglas inviolables de disciplina y los jugadores que incumplan con el reglamento ético aprobado por el cuerpo técnico y la FVF, lamentablemente deben despedirse del equipo, sin importar cuántas gambetas puedan realizar o cuántos pulmones tengan para corretear a los rivales. El tiempo de los futbolistas socarrones, parranderos y armadores de grupetes de enanos que solo fomentan la irresponsabilidad debe terminar. La irreverencia debe alentarse, pero con un fútbol colectivo sin reyezuelos.
Orozco y una defensa impenetrable
Después de años de amarguras, de sufrir las burlas de los aficionados rivales por las eternas dificultades para llegar a instancias decisivas, el Carabobo se convirtió en los últimos años en uno de los equipos más firmes del fútbol nacional. Tras la salida del técnico español, Diego Merino, que condujo al granate hasta el primer título de su historia al ganar el Torneo Apertura 2024 y a su primera clasificación a Copa Libertadores, el cuadro industrial ha mantenido su consistencia en el Clausura bajo el mando de Daniel Farías.
No es un equipo que llene los ojos por su movilidad ni la profusión de variantes tácticas para desarbolar el orden defensivo de los rivales. Por el contrario, perdió una de sus principales atributos como era la movilidad que otorgaba Gustavo González en la mitad del campo, pero tiene como arma letal la espléndida zurda de Yohandry Orozco, que puede resolver en un rapto de genialidad, como hizo en el decisivo triunfo ante Caracas, los partidos más apremiantes con un pase entre líneas o un cañozazo de su educada pierna.
Carabobo también cuenta de su lado con la defensa más impenetrable del torneo con esa línea de tres integrada por Norman Rodríguez, Leonardo Aponte, Jean Fuentes, que cuando es superada, surge la portentosa figura del guardameta argentino Lucas Bruera con sus tapadas de feria. Los triunfos se construyen desde la defensa y el granate es vivo ejemplo.




