Visión de Juego | El fútbol euclidiano del nuevo Caracas FC es pura velocidad

El nuevo Caracas FC que ha tenido que reconstruir Noel Sanvicente para enfrentar la Copa Libertadores es un pelotón de infantes que van a la guerra sin mayores municiones que su juventud, el espíritu de unidad y sacrificio que inculca el técnico guayanés a sus partisanos y el deseo irreductible de ganar aunque se sepan inferiores. Sanvicente es el técnico más adaptativo del fútbol nacional.

No se aferra a ningún sistema. Su historial de servicio así lo demuestra. Supo armar equipos dominantes a partir de la posesión del balón, en los tiempos de abundancia económica cuando el Caracas se daba el lujo de tener en sus filas a los José Manuel Rey, Stalin Rivas, Maestrico González, Alejandro Guerra o Ronald Vargas. En la nueva época de vacas flacas, presupuesto comprimido, transferencias apresuradas de jóvenes talentos y de pandemia que le ha tocada liderar, Sanvicente ha echo de tripas corazón recurriendo a la cantera para enseñar en tiempo récord a un grupo de imberbes cómo sobrevivir en el torneo de clubes más exigente de Suramérica.

Sin jugadores dotados de sostener la pelota en la mitad del campo, tras la salida de Robert Hernández y la baja por lesión del prometedor Anderson Contreras, Sanvicente ahora enseña a sus jugadores geometría euclidiana. Para llegar al gol el camino más rápido entre un punto y otro es la línea recta. Jorge Echeverría, Richard Celis, el ghanés Bonsu Osei y el beninés Samson Akinyoola son los responsables de esta geometría futbolística de conexiones directas, trazada en la cancha para desordenar la zaga rival y sorprenderla con ataques inesperados de guerrilla urbana.

La estrategia de presionar, replegarse y atacar sirvió ante César Vallejo, al que Caracas debió golear en el partido de vuelta, solo que el arte del contragolpe también necesita definidores que no sean devorados por la prisa. La aceleración de Bonsu y Akinyoola es un atributo hasta que les toca encarar mano a mano, como ocurrió ante el cuadro peruano en el que dilapidaron varias ocasiones para liquidar.

Ante un rival mejor armado como Junior, que sabe manejar el balón y aprovecha la estatura de sus jugadores para ganar por alto, Caracas resistió hasta que en la agonía de los minutos finales los nervios, el agotamiento y las dudas para defender un córner dieron a Junior un triunfo excesivo que obligan al Caracas a devolver la moneda el miércoles en Barranquilla con su fútbol euclidiano.

El Deportivo Lara de Martín Brignani demostró en las pocas semanas que el entrenador argentino es un alumno aventajado de la escuela del zigzag de Richard Páez, de quien asimiló en sus días de mediocampista en Estudiantes de Mérida que para llegar al gol se puede ir disfrutando el paisaje, como se recorren sin apremio los hermosos parajes de la cordillera andina.

Brignani ya enseño en sus dos temporadas al frente del cuadro académico que su fútbol está repleto de sinuosidades. Le gusta que el balón vaya y venga para marear al rival, lo que logró durante algunos pasajes en el primer tiempo contra Santos en Vila Belmiro. La derrota 1-2 en la Copa Libertadores en modo alguno desdice del Lara y su nueva apuesta. Hay que aplaudir que el cuadro rojinegro haya ido a Brasil a retar al actual subcampeón del torneo sin temor a recibir una goleada. Su partido fue más lucido que la imagen desleída, de excesivas precauciones que dejó Boca Juniors en las semifinales ante el Peixe en la pasada edición de la Copa. El reto de Lara es profundizar esa propuesta en el Olímpico, permitiendo otra vez chamos como Telasco Segovia y Jesús Bueno marquen el ritmo a partir del control de la pelota Cualquiera sea el camino, recto o sinuoso, que elijan Caracas y Lara, avanzar a tercera fase será cuesta arriba.

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