La imagen de Cristiano Ronaldo en la rueda de prensa, apartando la botella de Coca Cola para colocar en su lugar una de agua y decir a millones de personas: “No, Coca Cola, I drink water” (beban agua, no Coca Cola), fue más poderosa que el soberbio gol con el que selló el triunfo de Portugal 3-0 sobre Hungría en la Eurocopa. Segundos después de haber enviado su mensaje a favor de una vida saludable, las acciones de la trasnacional de bebidas azucaradas cayó en la bolsa de valores de Nueva York y sufrió pérdidas cercanas a los 4 mil millones de dólares.
Ronaldo no dijo nada sobre el peligro que significa el consumo de refrescos y otras bebidas azucaradas, pero su mensaje de que solo se necesita consumir agua debería ser repetido por los gobiernos del mundo entero para combatir una terrible enfermedad de los tiempos modernos: la diabetes.
La Federación Internacional de la Diabetes asegura que 400 millones de personas sufren de esta enfermedad y 5 millones mueren anualmente por ella y otras afecciones vinculadas a la diabetes como padecimientos renales, cerebrovasculares y cardíacos. En el caso de Venezuela, la Sociedad de Medicina Interna afirma que cerca de 1 millón 950 mil personas padecen de diabetes. Los costos sanitarios mundiales para atender los casos de este padecimiento y las enfermedades vinculadas a ellas, entre las que hay que incluir la amputación, diálisis y ceguera, se calculan en 550 mil millones de dólares cada año.
Los refrescos, las golosinas y las comidas rápidas están repletas de azúcar, una de las principales razones por las que el planeta ha visto aumentar exponencialmente el número de personas diabéticas, al punto tal de que para 2030 esta enfermedad será la séptima causa de muerte en el mundo.
Se hace poco o nada para combatir las causas de esta proliferación de enfermos de diabetes. Las bebidas azucaradas se promocionan como indispensables para las celebraciones familiares, se utiliza la imagen exitosa de famosos y saludables deportistas para engañar a los niños y jóvenes que ven en Messi y Ronaldo modelos a imitar.
Por eso, el mensaje anti Coca Cola de Ronaldo resulta contracultural en el mundo del deporte, porque es uno de los pocos atletas que ha mostrado públicamente su rechazo a las bebidas azucaradas. Pero no es suficiente que se haya viralizado su gesto. Se necesita un ejército de Ronaldos para organizar otro cerco sanitario mundial, como se ha hecho en el caso del covid-19, con el propósito de enfrentar la diabetes. Se podría empezar con una simple medida. Obligar a la empresas de bebidas azucaradas a advertir en sus empaques y publicidad que el consumo excesivo de gaseosas es nocivo para la salud y la vida, tal como se ha establecido en la venta de cigarrillos y tabaco.
Estas mismas empresas que producen bebidas gaseosas también se han apropiado del agua; la embotellan y la venden a precios prohibitivos, añadiéndoles, además, colorantes e innecesaria azúcar. En Venezuela, donde se creó un Ministerio de Agua para preservar la vida, esta institución debería ponerse al frente del combate contra la privatización del agua. Las plazas, parques, calles, colegios, liceos, universidades, instituciones públicas y privadas deberían tener bebederos gratuitos, donde las personas puedan llenar sus envases reciclables y saciar la sed, sin necesidad de pagar a ninguna empresa por el derecho a tomar el vital líquido.
Sin proponérselo Ronaldo tal vez haya iniciado una rebelión mundial por el derecho a una vida saludable, lejos de las calorías vacías y de las bebidas que enferman al planeta dulcemente.




