El primer triunfo en nueva temporada del fútbol nacional no fue deportivo sino legal. El intento de la directiva del Deportivo Táchira de salir a la cancha llevando en el uniforme la publicidad de una casa de apuestas se topó con la Ley Orgánica para la Protección de los Niños, Niñas y Adolescente (Lopnna), y con la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión (Ley Resorte). La primera prohíbe que los menores de edad sean utilizados para promover juegos de azar, y la segunda impide que medios audiovisuales del país exhiban anuncios de apuestas. La oportuna actuación de representantes de la Asamblea Nacional como Asia Villegas, el poeta Earle Herrera y la exministra del deporte, Victoria Mata, impidió que en el partido inaugural ante Hermanos Colmenárez, el cuadro tachirense violaran dos leyes emblemáticas aprobadas por la Asamblea. Los jugadores del Táchira se salvaron de que utilizaran su imagen para promover una actividad que en países como Italia y España fue objeto de regulaciones estrictas o prohibiciones, porque pone en riesgo la integridad del deporte, además de la dignidad de las personas y la salud de la población más vulnerable como son los niños.
El debut del Táchira sin el fervor de sus aficionados en Pueblo Nuevo ayudó a Hermanos Colmenárez a quitarse los nervios de su primera aparición en Primera División. Le bastaron seis minutos al joven cuadro barinés para sacarse el miedo escénico. En su primera llegada Anuar Peláez se vistió de Mohamed Salad y el arquero Varela recordó a Courtois. Se repitió la imagen de hace dos días en la Champions League, pero en Pueblo Nuevo. La contra relampagueante el delantero se estrelló contra la muralla levantada por un arquero de reflejos centelleantes como Varela. Una primera emoción que habla bien de la determinación de este equipo debutante en Primera que no se achicó ni en uno de los escenarios más temibles del país.
El gol del colombiano Wilmar González, que entra en los libros de historia del club como el primero en anotar en la máxima categoría, desnudó la fragilidad de Táchira en el fondo con un Lucas Trejos mostrando fallos para cortar y despejar impropias de un defensa de su probada categoría. Hermanos creyó que el partido estaba definido y olvidaron que Táchira tiene de su lado la fuerza telúrica del flaco Edgar Pérez Greco. Su empuje no solo es contagioso sino decisivo. Se hizo dueño de la pelota en la mitad, metió un cañonazo que despertó al Táchira y puso el centro magistral que Lucas Gómez agradeciera el pase cabeceando al fondo de la red para devolver las cosas a su lugar. Táchira regresó del camerino asumiendo su papel de dueño de casa y Hermanos perdió su atrevimiento, pero dejó claro que tiene argumentos para meter miedo.




