Gancho de izquierda | Esparragoza vs. Cruz: 6 de marzo de 1987

La memoria nos jugó una mala pasada y se nos pasó por alto, en su momento, una fecha notable para la historia del deporte nacional, en concreto para el boxeo profesional, como lo fue la del 6 de marzo de 1987, ya hace 35 años, en la que el cumanés Antonio Esparragoza se convirtió en el segundo peleador del patio que escalaba el trono de los plumas, antecedido por su paisano Antonio Gómez, este de efímero reinado (2-9-71-19-8-72, esto es 11 meses,10 días, con solo una defensa exitosa) en contraste con aquel, que dominó la división de las  126 libras o 57,152 kilos, durante 4 años y 24 días, con 8 defensas.

Pero como bien se dice “más vale tarde que nunca” y por ello, dos semanas después de aquel 6 de marzo, recontemos ahora aquel episodio de 1987 que marcó singularmente la trayectoria de 10 años (1981-91) en el ring de quien es uno  los mejores púgiles en la historia del boxeo venezolano, clasificado en el puesto 76 entre los mejores en la historia de la categoría, Antonio Esparragoza, cuya más resonante victoria tuvo como escenario el  Coliseo Will Rogers de Dallas-Fort Worth, Texas, en el que noqueó en 12 rounds al californiano de origen mexicano Steve Cruz, para dejarlo sin  el cinturón de la Asociación Mundial de Boxeo.

Esparragoza acudió al compromiso contra Cruz con 28 años de edad y la etiqueta de primer retador. Un año atrás había pensado en el retiro, decepcionado como estaba por la larga espera del chance titular. Lo logró al fin gracias a la mediación y gestiones de su apoderado, el mexicano Ricardo Maldonado, con quien se mantuvo hasta el final de su carrera, y del promotor boricua José (Pepe) Cordero, intermediario en la firma del boxeador para Maldonado.

La batalla en suelo texano fue intensa desde el comienzo, con un inagotable forcejeo en cada round, sin que ninguno de los dos diera un paso atrás y sin que se viera un claro desenlace antes del final del encuentro. Sin embargo, al sonar la campana para el round final, el oriental desplegó todo su nutrido arsenal técnico y ofensivo y apoyado en recias derechas e izquierdas, a la cabeza, al cuerpo y a los costados, minó la oposición del tenaz y valiente adversario. Con las tarjetas 107-102, 106-104 y 105-104 a su favor hasta el 11° asalto el venezolano lanzó una implacable e incontenible ofensiva en el 12° que acabó con la resistencia del  púgil del patio y el réferi, el boricua Wiso Fernández, no tuvo más que hacer que detener el pleito a los 2 minutos y 48 segundos del tramo.

El desplome final de Cruz desató en Cumaná una tormenta de fuegos artificiales y de bocinas al aire, en un festejo que repercutió en toda Venezuela. Tal como había sucedido el 2 de septiembre de 17 años atrás cuando en Tokio Antonio Gómez arrolló al nipón Shozo Saijyo.

Esparragoza mantendría después un férreo dominio en la división, con siete defensas exitosas. La primera en Houston, Texas, ante el mexicano Pascual Aranda, a quien noqueó en el 10° el 26/7/87. A aquel le siguieron el azteca Marcos Villasana (empate en 12 el 23/03/88, Los Ángeles, CA. ), el panameño  José Marmolejo (KO8, Marsala, Italia, 11/5/88),  el nipón Mitsuro Sugiya (KO10, en Kawasaki, Japón, 25/3/89), el belga Jean Marc Renard, en Namur, Bélgica,  6/2/89), el mexicano Eduardo Montoya (KO5, en Mexicali, Baja California, 22/9/89) y el surcoreano Chan Mok  Park (DU12, en Seúl,  5/12/90). Dejó el boxeo definitivamente al caer por decisión unánime frente al surcoreano Yung Kyun Park el 30 de marzo de 1991 en Gwangju City, Corea del Sur.

Cuando se retiró tenía mostraba un brillante  récord de 30 victorias (27 por nocaut), 2 derrotas y 4 tablas.

Antonio ocupa un nicho, en el Salón de la Fama del Deporte Nacional. Actualmente, con 63 años de edad, se desempeña en  su profesión de abogado en  su natal Cumaná, sin desligarse del todo del ambiente del boxeo, teniendo como patrón de vida la intachable conducta personal que le caracterizó en sus días de atleta activo.

TIP

NO ES DE BOXEO. ES DE YULIMAR Bien vale la pena enhebrar unas líneas acerca del personaje del día en el deporte nacional, nuestra fabulosa Yulimar Andrea Rojas Rodríguez, siempre en primer plano.

A este tenor apuntemos que ella está ahora sola como la única mujer en la historia del triple salto con 5 medallas amarillas  en campeonatos mundiales, 2 al aire libre y 3 bajo techo (indoor), la última el pasado domingo 20 en el foso de Belgrado con 15,74 metros, récord mundial absoluto con 7 centímetros más que su marca de 15.67 alcanzada en los JJOO de Tokio el año pasado, un registro que rompió el récord universal de 15,50 metros impuesto 26 años atrás (1995) por la ucraniana Inessa Kravets, hoy de 56 años de edad.

Con su oro de Belgrado, Yulimar rompió el empate que tenía de 4 áureas con la rusa Tatiana Lébedeva. La europea, ahora de 46 años y ya retirada, lo consiguió en Edmonton, Canadá, hace 18 años con huella de 15,25 metros; sumó el segundo lauro en París, Francia, en 2003 con 15,18; agregó el tercero en  Budapest, Hungría, con 15,36 en 2004 y cerró en Moscú, Rusia, en 2006 con 14.95 metros. En Edmonton y París lo alcanzó al aire libre y las otras dos en pista cubierta.

La excepcional atleta criolla, nacida en Caracas (y no en Puerto La Cruz, donde se crió) quien en octubre cumplirá 26 años, de 1,92 de estatura, ganó plata olímpica en Río de Janeiro-2016 y fue bicampeona Panamericana (entre muchos otros logros nacionales e internacionales). Suma sus discos dorados mundialistas en Portland, Oregon, EE.UU. el año 2016, en pista cubierta, con 14.41; en Londres, Reino Unido, en 2017 con 14.91, al aire libre; Birmingham, RU, bajo techo, 14.63 en 2018 y en Doha (Catar),2018  con 15.37, al aire libre, además del último lauro, obvio, bajo techo.

El velocista jamaiquino Usain Bolt (100,200, relevos 4×100 y 4×400) y la estadounidense Allison Felix (200, 400, 4×100 y 4×400) son los más ganadores de oro de la histortia con 7 y 11 preseas, respectivamente, en los torneos mundiales, que se disputan desde 1983 bajo la organización y control de World Athletics.

Agreguemos, de colofón, para que no nos crean paracaidistas en el deporte de pista y campo sumados al corro de “entendidos” que por estos días pululan. El atletismo es nuestro deporte favorito –y no el boxeo—, disciplina que cubrimos durante mucho tiempo en los comienzos en el periodismo,  hace ya unos cuantos almanaques.

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