Un lanzador panameño el primero que perreó

Disfruten de una nueva entrega de "En la pelota" por Juan Vené

Si los perros son tan inteligentes, si queremos y admiramos tanto a esos animales, por qué llamamos perreo a algo tan ordinario, que da asco. La verdad, no observo nada tan feo ni repugnante en la vida del mejor amigo del hombre.

La primera vez que ví algo parecido a eso, que ahora llamamos perreo, nadie en el palco de la prensa sabía cómo llamarlo. Ocurrió en Yankee Stadium, durante la temporada de 1987, con los Twins de visita.

Con ellos estaba el relevista panameño, Juan Berenguer, quien de pronto comenzó a hacer ciertos movimientos, cada vez que sus bateadores se cargaban un strike, y mucho más exageradas eran las morisquetas, cuando se trataba del tercer strike.

Es decir, tenemos perreo hace 35 años, pero con ese nombre, hace solo seis temporadas. ¿Por qué lo llamaron así?, no he podido saberlo.

Aquel año ’87, le pregunté a Berenguer el por qué de sus innecesarios movimientos. Me respondió, con notable ingenuidad: “Los bateadores se enojan porque celebro, y así estoy en ventaja”.

Ese panameño, además, tiraba la recta hasta 96 millas por hora. Ahora, la primera vez que me hablaron de perreo, pensé que se trataba de un perrito y una perrita en plena actividad sexual… ¡Qué lejos estaba yo, gracias a mis pecadores pensamientos!

Por cierto, si los perros hablaran, ¿qué dirían acerca de tanto perreo? ¡Vaya usted a saber!

Cuando en enero de 1901 fue fundada la Liga Americana, su Presidente, Ban Johnson, se había impuesto la misión de hacer de las Grandes Ligas un serio y notable espectáculo, especialmente interesante para la familia.

Se dijo dispuesto a trabajar con la Liga Nacional para eliminar el dominio del espectáculo que manejaban los apostadores y los borrachos perniciosos, desde la National Association, en 1871.

En la Liga Nacional hubo cierta oposición, especialmente de parte del mánager de los Gigantes, John McGraw, pero pronto surgió la paz, representada por la Serie Mundial.
Y se impuso la pulcritud en la presentación de los peloteros, con uniformes limpios en cada juego, prohibición de melenas, barbas, bigotes y patillas y comportamiento de alta educación y respeto frente a los peloteros contrarios y el público.

Todo eso comenzó a derrumbarse, cuando en 1970, tras mudar a sus Atléticos de Kansas City para Oakland, Charles O. Finley, no solo permitió bigotes, melenas, patillas y barbas, sino que premió a quienes, le pareció, exhibían las mejores.

Comenzó el desastre que ha culminado con el perreo, que es innecesario, detestable, ridículo, inapropiado, anti-profesional, carente de personalidad, perjudica al espectáculo, es una burla a los contrarios, una falta el respeto al uniforme propio, parecen borrachitos en madrugada de domingo, demuestran un nivel de educación tan bajo, pero tan bajo, que perfora el infield y el outfield.

Cambio de nombre por culpa de la perreadera

Un señor residenciado en Nueva York, llamado, Pedro Ramón Andrade Rodríguez, ha pedido por ante una Corte, cambio de nombre y apellido.

El motivo es que sus iniciales se leen así: pe-erre-ar.
Pedro Ramón exige le cambien toda la identificación por “Cosme”, o sea, Cualquier Otro Será Mejor, C.O.S.ME.

Como dice Hank Aaron: “El perreo es irrespeto a los peloteros contrarios, al público, al beisbol.

Yo disparé 755 jonrones y me retiré sin saber lo que era perreo. De haberlo conocido, lo habría rechazado, por repugnante, por innecesario, por ridículo, por insultante a todos los compañeros”.

Y lo ratifica Mariano Rivera: “De acuerdo ciento por ciento con mi admirado Hank. Yo salvé 652 juegos, gané 82 y perdí 60, con efectividad de 2.12, pero jamás perrié a nadie, ni recuerdo que me hayan perreado a mí”.

Verbo perrear en la RAE como el calificativo pendejo

Estoy preparando la petición a ver si la Real Academia Española (RAE), acepta el verbo perrear, como una vez aceptó el sustantivo y adjetivo pendejo, propuesto por el intelectual, Arturo Uslar Pietri.

Hoy día se usa mucho más perrear que pendejo, gracias a la pandilla de desgraciadores del beisbol. Pero eso, que es negativo, puede resultar positivo para que la Real Academia acepte el término. ¿Y qué ganamos si lo aprueban?

Pues, perrearemos autorizados por la RAE. En vez de decir, yo juego, tu juegas, él juega beisbol, diríamos, con el bautizo desde la Madre Patria, yo perreo, tú perreas, él perrea, nosotros perreamos, vosotros perreais, ellos perrean…

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