Camiseta 10 | El Centenario es de buena estrella

Terminado aquel partido, y ya en los bajos del estadio, vimos a Richard Páez enrumbarse con prisa hacia la sala de prensa del Centenario. Le preguntamos: “¿Piensas que ha sido esta la más grande hazaña del fútbol venezolano en la historia?”. “Sí, yo creo que sí”, respondió sin mayor aspaviento el técnico de aquella selección que acababa, minutos antes, de haber dalo el palo ante Uruguay.

Goles de Gabriel Urdaneta, Héctor González y Juan Arango habían derribado las fronteras de un favoritismo y de una soberbia escondida como un tesoro de piratas en el camerino del dos veces campeón del mundo. Juan Ramón Carrasco, su entrenador, había prometido en el colmo de su arrogancia llegar dieciocho veces al área venezolana y marcar, cuando menos, cinco goles en el desamparado arco Vinotinto.

Mas, ya vimos lo que el destino del fútbol tenía reservado a los uruguayos en aquel recinto que parecía inviolable, y al que los jugadores venezolanos habían roto su orgullosa virginidad…

Pero, ya ven. La vida nos reserva cosas sin guiones ni libretos, y en cualquier esquina nos asalta lo inesperado. Le tocó a la Celeste aquella noche de marzo de 2004: ¿le podrá tocar otra vez? El partido de hoy, tal como el de hace casi dieciocho años será de nuevo en el Centenario, aunque tendrá diferencias fundamentales: ya no será la bestia contra el hombre indefenso, porque en Montevideo parecen haber aprendido la lección.

Además, aquella vez había forcejeo de los aspirantes por un lugar en la clasificación al Mundial; hoy no, porque mientras a Venezuela solo le queda experimentar y ver el porvenir con aire de promesa, Uruguay, luego de vencer a Paraguay el jueves pasado, aún da brazadas de desespero en procura de un lugar entre los elegidos a Catar…

El capítulo ante Bolivia ya va quedando en la niebla de los tiempos, y en pocas horas las estampas del Centenario se le unirán en su despedida. Entonces quedarán Argentina y Colombia, y viéndolo bien, ojalá que estos tragos pasen rápido, muy rápido, para que no haya en el camino nada más que la barra libre de los deseos.

El ser humano en su permanente soñar suele añorar el tiempo pasado, como la noche de Montevideo, y anhelar un mañana de vino y rosas como será el viajar al Mundial 2026; así andan las cosas en el fútbol venezolano. Aún hay fe en la Vinotinto, en José Pékerman, en lo posible y lo que está por hacerse.

Ahora recordamos unas frases oídas en una película a Cantinflas, con su característica comicidad pero también siempre con un contenido subyacente: “Lo difícil lo hago enseguida; lo imposible me cuesta un poco más”.

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