Señor José Pékerman.
Usted ha llegado a Venezuela y su aparición en esta tierra es un encuentro, como si fuera una cita de dos amantes, de dos esperanzas. Sus años fuera del fútbol, después que dejara alumbrada y en magnífico lugar a la selección de Colombia, no fueron en vano.
Usted los aprovechó para el íntimo reencuentro familiar, para beber el café en el bar de la esquina con los amigos de siempre, aquellos de fútbol y los raros que en Buenos Aires no aman a este deporte, y para meditar acerca de lo hecho y lo que está por hacerse en ese universo único llamado fútbol.
Fútbol, sí señor. Usted sabe, cómo no lo va a saber, que el quehacer de las canchas se parece tanto a la vida misma, que los hombres del balón sienten, disfrutan y padecen igual a los demás, pero también que hay una diferencia: un jugador debe aprovechar su corta vida productiva, mientras un paisano será abogado, médico, periodista, albañil o vagabundo hasta el fin de sus días. Y por eso sabe también que a su edad lleva en su bolso de trabajo la ilusión de un retiro con los deberes hechos y satisfecho, con Venezuela en el Mundial de 2026 y la gente embriagada por el anhelado logro. Y ahí está la coincidencia de las que al comienzo hablamos.
Nadie sino usted es capaz de sacar lo mejor de sí del jugador venezolano. Nadie como usted para hacer creer a estos hombres de fútbol que si se lo proponen, como una vez lo hicieron Richard Páez y César Farías, pueden derribar las estatuas en que los medios de comunicación y las leyendas han encaramado a jugadores que, como los de este país, como los de todos los países del universo, son también seres humanos.
Pero no vaya a pensar que los venezolanos no tienen cierta tradición como para ser engañados. La gente de este país ha aprendido con las amarguras, y en vez de achicarse ha crecido con cada derrota Vinotinto. Por eso cree en usted, y lo ve como el hombre que la va a salvar del naufragio. Empéñese, empecínese, haga que usted se convierta en el Flautista de Hamelin del fútbol nacional.
Pero, ¿por qué le decimos estas cosas a usted, sabio en cosas de fútbol, maestro de maestros, hacedor de caminos para aquellos que han tenido la fortuna de seguirlo? Pues para que sepa que lo acompañamos en esta travesía hacia 2026, pensando que entonces llegará el momento de la clasificación mundialista, “el día feliz que está llegando”, como le oímos cantar algunas vez a un trovador del Caribe.
Con Bolivia en el tiempo
El tiempo, como decía Úrsula Iguarán en “Cien años de soledad”, no pasa sino que da vueltas. Bolivia fue en la historia el lugar del mundo en el que Antonio José de Sucre se inició y creció como hombre de estado, y será ante Bolivia la selección ante la que José Pekerman comenzará su andar como conductor de un fútbol que vive asido a los hilos de un sueño nunca realizado.
Para completar las similitudes y para que todas las cosas coincidan, al frente del equipo del inmenso altiplano vendrá César Farías. Entonces, el partido del 27 de enero del año por llegar podría ser, simbólicamente, Venezuela contra Venezuela.
EN TIPS
Reputación. Pocas veces, tal vez nunca, al frente de la Vinotinto había estado un director técnico extranjero de tanto prestigio como José Pékerman.
Dudas. Algunos escépticos tienen recelos con el recién llegado; no por su capacidad, sino por su edad para la función: 72 años.
Importados. La suma de conductores llegados desde otras altitudes se eleva: ya son ocho los que han venido a dirigir a la selección venezolana.
Entusiasmo. Tal ha sido la expectativa con la aparición del nuevo entrenador, que se espera una gran asistencia para el partido ante Bolivia.




