El desempeño de Venezuela en la Copa América de Brasil no puede analizarse sin reparar en las circunstancias que afectaron a la convocatoria y el trabajo del técnico José Peseiro a lo largo de esta competencia.
Las lesiones y bajas por contagios de covid-19 de la mayoría de los jugadores titulares como Salomón Rondón, Darwin Machís, Yangel Herrera y Yeferson Soteldo, quien apenas se incorporó para el último duelo ante Perú, impidió ver en acción a los mejores exponentes del fútbol nacional.
El torneo que debió servir para que Peseiro tuviera por primera vez a disposición a toda la plantilla, con suficiente tiempo para incorporar su ideario futbolístico, solo permitió que el técnico lusitano mostrara las dotes de motivador, su capacidad para unir al grupo bajo el mismo objetivo de dar guerra y luchar con las pocas municiones disponibles, y sanara viejas heridas entre los aficionados y la Vinotinto.
Avanzar a la segunda fase del torneo era una tarea casi imposible, tomando en consideración las fatalidades que castigaron Venezuela. Sin embargo, la selección “alternativa” que Peseiro armó a última hora, llamando jugadores de la Liga Futve como Luis Adrián Martínez, Francisco La Mantía o Edson Castillo, a los que entregó la titularidad; y reiventando a José “Brujo” Martínez en la posición de extremo, tuvo un toque de locura y audacia que los futbolistas defendieron a muerte en cada uno de los choques.
Fue desconsolador que tanto brindis en la cancha, tanto coraje para correr, multiplicarse en las coberturas y tratar de llegar al arco contrario sin pensar en que faltaba esta o aquella estrella consagrada para generar situaciones de peligro y fabricar los goles, no tuviera su recompensa con el pase a los cuartos de final del campeonato ante Perú.
No hubo clasificación, pero la Vinotinto “alternativa” de Peseiro se ganó de manera clamorosa la admiración de los aficionados más recelosos.
Aquellos apasionados seguidores de la selección que habían roto su vínculo afectivo con el equipo, desde que tiempo atrás se produjo el resquebrajamiento en el vestuario y todo terminó con la intempestiva renuncia de Noel Sanvicente, tras la carta firmada por 11 peso pesados de la Vinotinto, volvieron a engancharse y se vieron seducidos por la franqueza y humildad del técnico y sus jugadores.
Las redes sociales se llenaron de mensajes de apoyo y uno de los más repetidos fue el imperativo de “¡dejen trabajar a Peseiro!” , ante los rumores de que el portugués podría ser cesanteado al culminar el torneo. La eliminatoria mundialista sigue siendo el gran reto de la selección, porque la actuación en la Copa América da prestigio, pero no clasifica al Mundial de Fútbol.
Peseiro consiguió imponer una primera idea de lucha colectiva en la Vinotinto. En el futuro inmediato debe acompañar el mensaje con un planteamiento más atrevido par ir por los necesarios triunfos en Suramérica.




