Siempre nos hemos preguntado quién será el primer jugador venezolano en llegar al cielo del fútbol universal. Uno que sea llevado por un equipo de la elite, contratado con todas las letras por un montón de dinero, y que de una buena vez se convierta en titular indiscutido y en símbolo nacional del instinto de superación.
¿Estamos pidiendo mucho? Bueno, Tomás Rincón llegó a la Juventus, pero no cubrió las expectativas que aquí mencionamos. Fue reclamado por el equipo de Turín como una emergencia, como cubre espaldas del lesionado Sami Khedira y no como titular. Solo jugó partidos en la Copa Italia, pero nunca de la liga ni de la Champions League, en la que la Juve llegó a la final ante el Real Madrid. Rincón estaba en el banco en ese partido decisivo, pero él sabía, porque conocía su condición, que había gente delante de él y no tenía esperanzas de ser llamado a la cancha.
Hoy las instituciones futbolísticas fijan sus faros en la juventud: mientras más chicos, mejor. Todo es una inversión, y ya difícilmente se lleven a jugadores de más de veinticinco años de edad. Por eso Darwin Machís, con todo lo bueno que es, perdió su tren: va a cumplir 28. También Rómulo Otero, con pierna fuerte pero con la misma edad del anterior. Ni hablar de Salomón Rondón, con goles pero con 31 cumplidos.
¿Quién queda de los estelares? Yeferson Soteldo, camino a los 24, a quien sus habilidades le ofrecen opciones, mas su pequeño tamaño puede ser un muro infranqueable. Ah, queda uno entre los candidatos: Yangel Herrera. Cumplirá 23 en enero, y su probado talento como mediocampista con llegada al área adversaria le da margen de acierto y sueños de grandeza. Empero, es reserva del Manchester City, un club desbordado en jugadores afianzados en sus lugares en el campo y con una rica cantera que le sale al paso al inteligente futbolista de La Guaira.
Hace algunos años, cuando comenzó la diáspora de jugadores venezolanos al exterior, “belle époque” del fútbol nacional, se creyó que se abriría una brecha para que algunos de ellos llegaran al Real Madrid, Barcelona, Juventus, Inter, Bayern Munich o Liverpool, mas no ha sido así.
Se pensó que podría ser Ronald Vargas, un portento de delantero, pero la traición de las lesiones lo atacaron a temprana edad. Se habló de Rondón, pero nunca cuajó la que pudo haber sido una sonora transacción. Así las cosas, este fútbol sigue a la espera de su gran hombre, su insignia en el camino, aquel que ponga, como en la historia de España “una pica en Flandes”.
¿Será por cierto Yangel Herrera?
Los de aquellos tiempos
La aparición del empresario internacional cambió todo el panorama del fútbol en el mundo. Hasta hace unos pocos años al jugador venezolano solo se le veía en los partidos de Copa Libertadores y poco más. Algunos gustaban para ir a otros países, pero al terminar el torneo regional el entusiasmo se apagaba con el paso de los días.
Hoy es un gran negocio: venden a los jugadores y si alguno pega, entonces la plata llega. ¿Quién dice que Luis Mendoza, William Méndez, Nelson Carrero, Pedro Febles, Franco Rizzi, por solo recordar a un manojo de ellos, no hubieran formado en las alineaciones de equipos de Europa y Suramérica?
EN TIPS
Codiciado. Carlos Maldonado fue en los años 80-90 uno de los jugadores más renombrados. Jugó en Argentina, Colombia y el primer venezolano en Brasil, con el Fluminense.
Habilidoso. En la misma época, Gabi Miranda, que hizo suyas las artes de conducir y esconder la pelota, mostró su categoría en México, Ecuador y Argentina.
Cabeceador. En tiempos dorados del Marítimo de Venezuela, Herbert Márquez, goleador intuitivo, fue llevado a préstamo en 1987 por el Marítimo de Funchal.
Viajeros. Bernardo Añor, atacante poderoso, y César “Guacharaca” Baena, arquero de fina estampa, formaron parte durante 1986 del fútbol boliviano.




