Eduardo Galeano, el célebre escritor uruguayo, decía en el libro “Las palabras andantes”, que el mundo marchaba al revés. Que lo bueno podía ser malo, y lo malo, bueno; que los conservadores se metían a revolucionarios, y los revolucionarios a conservadores.
Pues así también anda el fútbol. Haciéndole caso a Galeano, resulta que ahora y contraviniendo la tradición, lo mejor en el fútbol es ser forastero, no tanto como para andar por ahí con lentes oscuros pasando la resaca de tanto whisky bebido la noche anterior, cámara fotográfica al hombro y pantalones pescadores de mil colores, pero sí para echar una partida y llevarse a casa los tres puntos en disputa.
Después de seguir los juegos del fin de semana pasado en las cinco ligas más publicitadas de Europa, vemos cómo de cuarenta y ocho partidos, pues veinte fueron ganados por los visitantes, trece terminaron en armisticio y solo quince, ¡quince! para el amo del patio. Caramba, cómo la pandemia ha actuado para modificar todo en la vida humana, y con ello, arrastrar en su vientre al fútbol nuestro de cada día…
Italia y Alemania exageraron con cinco triunfos para los de afuera, cuatro Inglaterra y Francia y dos España. En otro tiempo estas cantidades hubieran parecido exageradas, pero hoy día son normales y se adecúan al mundo en el que nos ha tocado pertenecer.
Entonces, hablemos del público. Siempre se ha dicho que ser “el patrón de la cuadra” (término también uruguayo, como Galeano) se complementaba con la presencia de un coro de miles de gargantas, por estos días lejos de los desolados graderíos.
Seguramente por ese factor es que a los visitantes les ha caído bien, válganos, la ausencia de toda esa gente adversaria. Entonces, qué influye más, ¿el estadio del enemigo o sus acólitos incondicionales? Esperemos el próximo fin de semana para comprobar si se confirma o no la tendencia de los tranquilos, y a la vez tormentosos, días actuales…
Y en Venezuela, ¿qué ha pasado con los dueños de casa y sus invitados? Para no quedarse atrás y seguir la corriente de lo que acontece en Europa, cinco de ocho partidos fueron para los de afuera, una igualada y dos conquistas para los propietarios.
Es decir, todo un conglomerado de éxitos para los viajeros de los dos lados del océano, aquellos que llegan y se van llevándoselo todo en sus maletas y decir “qué fino es jugar de visitante”.
Situaciones semejantes se viven en Argentina y Brasil, lo que le plantea al fútbol una nueva manera de verlo, de vivirlo. Mientras reine el coronavirus parece que esta situación, aunque nadie la desea por la circunstancia que la impulsa, va a seguir infelizmente, tristemente reinando. Nos vemos por ahí.




