Camiseta 10 | Ahora todos son campeones

En pocos días se reiniciará la acción en la Liga de Campeones de Europa, y con dieciséis equipos aún vivos tiene sentido revisar cómo es que un torneo hecho para los dueños de cada liga en el continente de enfrente, sea capaz de meter en su vientre a clubes que apenas pudieron llegar en el cuarto lugar de sus ligas.

¿Premio al esfuerzo, reconocimiento a toda la organización de una institución que siempre creyó en sus jugadores y director técnico, o una concesión a la competencia y sus actores en concordancia con los tiempos complacientes que se viven en el planeta? Vaya usted a saber. Está bien que Real Madrid, Juventus, Bayern Munich, Manchester City o París-Saint Germain sean parte de la puesta en escena como figuras de primera línea, pero ¿cómo es que por ejemplo el Sevilla, cuarto en la temporada española, sean tan “campeón” como los verdaderos campeones?, ¿quién le ha dado ese derecho?

En realidad hoy la vida es otra. Tiempo actual de regalías y de reconocer en el mediocre méritos que en otra época hicieran reír. Veamos, por ejemplo, el beisbol venezolano: apartando esta temporada, sufrida y accidentada por la llegada de la pandemia, seis de ocho equipos pasaban a la siguiente ronda del campeonato; igual para el baloncesto. Imagínense: ¡seis de ocho! Y todo por echarle un salvavidas al dinero invertido por los empresarios. Ahora los vencedores deben apartarse para dar paso a aquellos que, escondidos en la coartada de la moderna manera de competir, agazapados detrás de una figura que ahora llaman “comodín” y que no es más que una manera de ser incapaces, llegan. Y a veces, hasta ganan.

La Champions League, en su antigua denominación de Liga de Campeones, era solo para aquellos legítimos equipos que habían dominado en sus países, tal como fue en América la Copa Libertadores; era otra manera de batallar, con menos partidos pero en torneos en los que, por eso mismo, todos los juegos eran a morir. ¿Son las copas de hoy día mejores que aquellas? Está por verse y según las percepciones de generaciones que defienden a una o a otra.

A fin de cuentas, la Champions sigue siendo para la crema, que aunque maltratada representa la alcurnia de Europa. La Copa de la Uefa, con su equivalente la Suramericana, fue creada para dar oxígeno a aquellos que no han podido. Son los días de alborozo y facilismo en los que la nostalgia ha muerto, y en los que, como en la letra del tango aquel “siento que mi fe se tambalea”.

Libertadores sin libertadores

No solo es Europa. Por América también ganan, contradiciendo las leyes naturales que premian al triunfador, los de abajo.
Hemos visto equipos finalistas y hasta campeones que no se han podido coronar en sus ligas; tal cosa acaba de suceder con Palmeiras, vencedor en la Copa Libertadores después de haber terminado tercero en el Brasilerao, detrás de Flamengo y Santos.

Quizás esta manera de dar paso a clubes sin altos méritos abra la posibilidad, en un futuro cercano, a otra modalidad ciertamente novedosa: que la Champions y la Libertadores sean disputadas por aquellos que hayan terminado últimos en sus campeonatos. Vaya torneos.

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