Kehl-Sunheim, Alemania
Un grupo de turistas llega al aeropuerto de Ezeiza, en Buenos Aires, y se topa con una estatua de Diego Armando Maradona. Más que un homenaje al jugador, el monumento representa la religiosidad y el hecho cultural que los argentinos sienten por sus figuras cimeras, aquellas que más allá de su oficio han sido tomados como símbolos inequívocos del argentinismo y del sentir popular. Maradona es como Perón, como Evita, como Carlos Gardel, como Carlos Monzón, como Sandro.
Por los mismos días, Ronaldo Fenómeno firma papeles y se retrata con la directiva del Cruzeiro, su equipo de juventud, y se convierte en el nuevo primer accionista del club que vive, desde la profunda segunda división, las horas más bajas de su historia de victorias y copas Libertadores.
Pero, ¿cuál es la relación entre Maradona y Ronaldo? ¿A qué extraña razón se debe a que los hayamos traído a esta nota? Pues bien. Los futbolistas, una vez que culminan su paso siempre breve por las canchas del mundo buscan qué hacer, a cuál actividad dedicarse, especialmente ahora que luego de vidas de lujo y derroche ya le han pasado la llave de cierre al cuerno del dinero abundante.
Maradona nunca supo que iba a será admirado desde lo alto de un monumento, ni Ronaldo que luego de ser uno de los grandes goleadores que haya dado el fútbol, iba a estar involucrado entre las burocráticas oficinas de un club. Estos son dos ejemplos de jugadores que por sus nombres sonoros han podido ser utilizados para otras labores, por ellos nunca imaginadas.
La rueda de la fortuna los ha tocado, mas no siempre; o mejor dicho, casi nunca pasa así. Por allí deambulan millones de jugadores que, absorbidos por el propio fútbol y que creyendo que aquella belleza iba a ser para siempre, nunca pensaron en la finitud de su andar por los terrenos de juego. El fútbol está hecho para aquellos a quienes la vida y Dios le han dado un virtuosismo al que le han sacado partido y plata, pero que de repente termina y convierte a los futbolistas en seres humanos comunes y corrientes, sin los privilegios que solo la fama y el dinero pueden ofrecer.
¿Y ahora, qué?, dicen cuando ya no son amados por la afición en la grada, y al pasar por las calles la gente cruza hasta la acera de enfrente. Ah, caray, ahora todo habrá que pagarlo, no habrá gratis restaurantes, ni café en las esquinas, ni trajes a la medida. Ahora hemos vuelto a los puntos de partida. ¿Cómo pasó que no nos dimos cuenta?
EN TIPS
Arquero
En aquellos años estelares cuando cuidaba la valla del Marítimo, Daniel Nikolac tuvo una profesión a un lado de la cancha: era vendedor de seguros.
Botellas
Grandes jugadores, como el inglés Paul Gascoigne y el italiano Christian Vieri, vieron desvanecer sus carreras y sus vidas al dedicarse de pleno a la bebida.
Micrófonos
Algunos antiguos jugadores han conseguido amparo en los comentarios de televisión. El chileno Iván Zamorano y el búlgaro Hristo Stoichkov son dos de ellos.
Corazón
El danés Christian Ericksen sufrió un paro cardíaco en pleno partido con su selección, y poco después fue desvinculado del plantel
del Inter de Milán. Ahora deberá buscar qué hacer.
Andanzas peligrosas
El desespero y la ansiedad son malos consejeros que terminan por atrapan a los futbolistas retirados. Miran una y otra vez sus bolsillos y echan un vistazo anhelante a sus cuentas bancarias y se dan cuenta que todo sale y que ya nada entra.
Por eso son presas fáciles de las apuestas ilegales y el arreglo de partidos, particularmente en Europa, verdadero mercado para el gran negocio.
Les urge mantener el status, la manera de vivir a él y su familia, y nada como la jugada marginal para conseguir dinero fácil.
Pero no siempre es así. Sale una al revés, y entonces la caída puede ser más estrepitosa que la del retiro.




