Ha transcurrido ya más de medio siglo de aquella temporada de 1968 que parece una película de ciencia ficción, y el nombre de Bob Gibson ha regresado a los espacios de los medios informativos, y a las tertulias de los aficionados, con el mismo furor de entonces. El responsable del renacer es Jacob deGrom, el pitcher de los Mets de Nueva York que tiene de cabeza a las grandes ligas con sus rectas habituales de 100 millas por hora y su efectividad que no es de este mundo. Y es aquí donde aparece Gibson.
Si hay un escenario para calibrar lo que hagan sus protagonistas es el deportivo, y quizá ninguno más idóneo que el beisbol. La característica de sus estadísticas encaja a la perfección a la hora de tratar de ver qué está pasando, y qué puede pasar en un futuro inmediato. Al menos en sus primeras doce aperturas esta temporada, solo Gibson tuvo un inicio similar al del derecho de 33 años de los Mets.
En la víspera de su décimo tercer comienzo el 26 de junio ante los Filis, deGrom tenía un récord de 7 ganados y 2 perdidos, con una efectividad de 0.50 en 72 entradas, más 117 ponches y solo 10 boletos con un juego completo. Cuando Gibson emprendió su décimo tercer comienzo en 1968 con los Cardenales de San Luis, exhibía 5 victorias y 5 reveses, con una efectividad de 1.52 en 111 innings, 75 abanicados y ocho juegos completos. Y en realidad es aquí donde comienzan a separarse. Simplemente porque no podemos saber qué puede ocurrir de aquí en adelante con deGrom, pero sí lo que pasó con Gibson.
En un momento de la campaña, Gibson logró quince triunfos consecutivos, eslabonó una cadena de 45 ceros al hilo, y en otro instante solo permitió tres carreras en un período de 100 episodios. Nunca fue removido de un juego en medio de una entrada y completó 28 de sus 34 aperturas. Al terminar la campaña, mostraba un registro de 22-9, 268 abanicados, una efectividad de 1.12, la más reducida con al menos 300 capítulos de labor, logros coronados con la aún hoy increíble cantidad de 13 blanqueos.
De todos los logros que tenía deGrom, la efectividad es el que representa un mayor desafío. Es la categoría que puede calificarse como la única que está en sus manos. Ni los ponches ni las victorias. Solo las carreras limpias. La gran interrogante está en ver hasta dónde su brazo puede soportar el trabajo. Como se dice, el brazo no fue creado por la naturaleza para lanzar cada cuatro o cinco días por un espacio promedio de dos horas. Los Mets procuran proteger a su lanzador estelar, limitando sus presentaciones a no más de seis actos. De hecho solo tenía un juego completo, el 23 de abril cuando blanqueó a los Nacionales de Washington, en una soberbia actuación coronada con 15 ponches, ningún pasaporte y apenas dos imparables permitidos. A partir de allí tuvo ocho comienzos y apenas en uno completó siete capítulos.
¿Y la presión?
Hay un hecho que no podemos pasar por alto aunque se encuentre en los espacios de la especulación. ¿Conseguirá deGrom la calma mental indispensable para soportar la presión ejercida por los medios y en extensión por los aficionados que han hecho de él, el centro del universo?
Con la televisión y los videos a la cabeza, presenciamos en vivo y en directo todo lo que hace en el terreno. Pitcheo tras pitcheo, la velocidad desarrollada y los efectos frente a los bateadores.
Hasta ahora, nada parece perturbarlo. Solo lo que sucede en el juego. En 1968, de lo que hiciera o dejara de hacer Gibson, nos enterábamos al día siguiente en las páginas de los periódicos, y solo si había lanzado en el este de los Estados Unidos.
EN TIPS
Cargó con todos los honores
Bob Gibson condujo a los Cardenales de San Luis por segundo año consecutivo a la corona de la Nacional, para luego recibir con todos los votos disponibles el premio “Cy Young” como el mejor lanzador de la liga, mientras recibía también el galardón como Más Valioso” con el 86 % de los votos.
Dominio absoluto
1968 se conoce como “El año del Pitcher”. Siete ganaron 20 o más juegos y Dennis McLain sumó 31. Siete tuvieron averages de efectividad por debajo de dos carreras. Se lanzaron siete sin hits ni carreras y en la Americana solo hubo un bateador en .300. Y Gibson estuvo en la cresta de la ola.




