Camiseta 10 | Cuánta falta hizo la aventura

El fútbol no puede ser solo dibujos tácticos ni romperse la cabeza armando esquemas defensivos. En el fútbol, actividad humana que se juega con los pies y por lo tanto propensa a errores, hace falta la aventura, la osadía, ir por el partido cueste lo que cueste. Y si algo le faltó a la Vinotinto, si de algo se sintió desamparada fue de eso.

Tuvo solo una opción, la de cabeza de Sergio Córdova y nada más. Al seleccionado venezolano nunca se le sintió su presencia en un lance el que se le iba la vida. Perú, más sincero con sus responsabilidad y con lo que estaba en el medio apeló a lo que más sabe hacer: tocar, enseñar el buen pie que lo ha hecho famoso: nada más que con eso le alcanzó.

El seleccionado venezolano también fue fiel, pero fiel a su camisa de fuerza futbolística y a sus aprensiones, a su tristeza, con la vuelta a su conciencia de equipo pequeño…

Habría que preguntarse: ¿qué argumentos ha de tener José Peseiro, técnico de la Vinotinto, para defender lo indefendible? Puso en la cancha a Jan Hurtado, atacante nato, pero cuando era evidente ante el paso del reloj y la urgencia de un gol que debía sacar de la cancha a un defensa, pues no: mandó al banco al único hombre que podría hacer daño a la zaga del Cuzco: Córdova.

Ahí mostró sus cartas, su miedo, su falta de conocimiento del fútbol nacional, y su falta de fe en el jugador criollo. Venezuela, penúltima en el Premundial Suramericano, eliminada de la Copa América, un torneo en el que clasifican a cuartos de final ocho de diez equipos, ha dado un paso adelante, sí, pero cuando acaba de dar dos atrás…

El gol del colombiano Luis Fernando Díaz contra Brasil fue de aquellos que solemos llamar “de antología”. En las antologías van las cosas verdaderamente antológicas, vaya discurrir de toda lógica, y aquella acción que terminó en gol lo fue con todo derecho.

Fue una tijera en un claro en el camino, un buscar su lugar en el entrevero de jugadores, y ahí está. Búsquenla. Este comentario lo hacemos por lo poco publicitada que ha estado en los canales internacionales; de haber sido obra de Lionel Messi o Cristiano Ronaldo, agárrense, porque el “melao” de los elogios nos hubiera endulzado hasta el café de la mañana.

Esto lo hemos comentado otras veces: Díaz no es miembro de la cofradía de los privilegiados por la sonora publicidad, no es de los que venden anuncios de los sponsors de fútbol, y siempre se le verá como un hecho casual y no la derivación de un talento emergente. Así van las cosas en el fútbol, cada vez más empresarial y cada vez menos deporte. Nos vemos por ahí.


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