Un día cualquiera, como el título de la novela de la escritora española Ana Alejandre, entablábamos una conversación informal con algunos amigos periodistas de nuestra generación.
Hablando de una cosa y otra, especialmente de asuntos intrascendentes, comentábamos de los metros que le agregaron al monte Everest en las últimas mediciones, y de la comida de los delfines.
De súbito surgió el tema de los viajes; los viajes que nos ha dado el fútbol, claro está, y recordábamos con velada complacencia y apreciable fulgor aquellas giras de los años 70, 80 y 90 con los equipos en las copas Libertadores y la selección Vinotinto en las copas América y los premundiales.
Cada uno de los contertulios contó sus experiencias, y los presentes disfrutamos con uno y otro relato, casi siempre aderezados con las complacencias y las traiciones que nos suele deparar la memoria (“La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”, según el gran Gabriel García Márquez)…
Todo el comentario viene por el contraste que ahora se vive con los periodistas de nuevo cuño.
Mientras nosotros nos quemamos en la hoguera de las vivencias y los sudores de los jugadores, hoy día los comunicadores han de conformarse con leer en internet las experiencias ajenas, lo que otros y uniformemente para todos, escriben.
En este tiempo las dificultades económicas del fútbol nacional impiden vivir aquellas experiencias, y para remate, llegó la pandemia.
No deja de ser entristecedora esta situación de la actualidad, porque el viaje y el contacto directo con directores técnicos y futbolistas enriquecen el bagaje y el “background” para tener cosas que relatar y transmitirlas a los que lleguen después.
Por eso los más jóvenes sienten nostalgia por lo no vivido, que es nostalgia de todas maneras, y por eso las miradas nuestras de soslayo y amor hacia una época singular, que aunque fue de derrotas casi constantes también fue útil para vivir y contar…
Hemos dado un paseo casi diario por la programación de Netflix y sus películas completas y seriados interminables. Y hemos puesto el acento en las deportivas, casi todas de fútbol y beisbol.
De repente hemos pensado que con el fútbol venezolano, tan particular, tan enrevesado como muchas otras cosas en el país, bien valdría la pena animar a la gente de la productora para asomarse por aquí y filmar la realidad criolla, tan desconocida en su interior por la mayoría de toda aquella gente que anima en cada partido a la Vinotinto.
Se conseguirían con cada capítulo temas de lo más sorprendente, y verían que las cosas no marchan de todo bien, pero tampoco del todo mal.
Nos vemos por ahí.




