El viernes pasado, cinco de febrero, en Funchal y Mogi das Cruzes el cielo se encendió con fuegos de artificio. Personajes de nombres sonoros que mantienen vínculos con aquellos lugares del mapamundi, vieron en esas ciudades sus primeras luces.
De orígenes depauperados, de cunas que en su momento se debatieron muy cerca de las fronteras de la pobreza, el fútbol los catapultó hasta sitiales impensados, hasta allá donde no han llegado por otras razones científicos y escritores, astronautas o inventores, libertadores de países y descubridores de la vacuna contra el covid-19.
Han escalado hasta el estrado de la idolatría, y convertidos en semidioses son adorados por gentes de toda ralea, de los cinco continentes y del sexto que está por inventarse…
Cristiano Ronaldo y Neymar son llamados, y no se concibe el fútbol de hoy sin su presencia. Uno y otro dejan la vida por la Juventus y el París Saint-Germain, y aunque están desbordados en elogios y en glorias, saben que todo esto puede ser efímero si no alcanzan el imposible que para grandes jugadores de la historia ha sido el Mundial.
Intentos han tenido, pero la gran Copa les ha sido esquiva. En el 2022, en el remoto Catar les llegará su “last chance”, su última oportunidad, especialmente al portugués.
Ya, a sus 36 años de edad, es evidente que será así. Neymar ha llegado a 29 y podría estirarse hasta el 2026, pero quizá no se trate de la edad de uno y otro, sino de la ambición perdida, la que ya en su madurez se va difuminando.
Las metas parece que de ahí en adelante serán otras, siempre en procura de una final feliz, un “the end” con beso, con en las películas de Hollywood. ¿La Major League Soccer, con colinas de dinero para cada uno?…
Se viene: Por influencias de la televisión internacional, no siempre llevada por pulcros manejadores del idioma castellano, hemos oído a comunicadores sociales y animadores venezolanos utilizar el término “se viene”.
El querido profesor Alexis Márquez Rodríguez, quien fue defensor a toda prueba de la lengua que en el país hablamos, nos decía que el “se viene” es normal en el sur, Argentina, Uruguay, Chile y hasta en Colombia por un uso popular, pero que de ninguna manera forma parte del llamado castellano culto.
Es aceptado en esos países por costumbre, pero no está bien adoptarlo porque al final de todo es incorrecto. Lo verdaderamente valedero, en el buen hablar hispanohablante es “viene”, sin el “se” que lo convierte en un modismo reprochable. Si lo usan en el sur de América, está bien para ellos porque forma parte de sus hábitos cotidianos, pero no así en Venezuela, donde se habla uno de los más correctos españoles del continente.
Nos vemos por ahí.




