El destello de los jugadores venezolanos ha hecho olvidar la diáspora de directores técnicos nacionales que por Suramérica andan. Ya han sido unos cuantos los países que han oído sus voces altisonantes de mando en entrenamientos y partidos, y con autoridad de jefes dispuestos a ejercer el poder comienzan a abrir surcos a las praderas del continente.
Vale la pena recordarlos, ahora que algunos están muy cerca de saltar fronteras: Daniel Farías y Leonardo González están ahí, impulsados por el viento a favor de sus capacidades, logros y madurez conseguidos desde atrás de las rayas que separan al campo del resto del universo entero. Se les sigue en varios países, están pendientes de sus actuaciones los empresarios internacionales para convencerse de que son ellos los tipos indicados. El premio mayor está cerca.
Todo comenzó con el merideño Richard Páez, cuando contratar a un entrenador venezolano estaba entre el atrevimiento y la curiosidad. Sacándole filo al brillo de la Vinotinto, el médico de largas pasantías en los campos y en los quirófanos, anduvo de brega futbolera por Perú con el Alianza Lima, por Colombia al comando del Millonarios, hasta que finalmente fue a parar a Ecuador, donde impartió saberes con el Deportivo Cuenca.
César Farías, sucrense puro, siguió sus andares en la selección nacional y en la aventura por otras comarcas. México, India, Paraguay y Bolivia han conocido de él y de su raza de hombre curtido en un sinfín de batallas y escaramuzas. En el altiplano boliviano ha sentado plaza y se ha convertido en el único venezolano en dirigir a una selección nacional.
La fiesta criolla ha continuado con el yaracuyano Rafael Dudamel, también salido desde las trincheras Vinotinto. Su andadura comenzó en Brasil con el Atlético Mineiro y ahora ha seguido con la Universidad de Chile, donde hoy es hombre seguido con avidez por los medios de comunicación. Aún hay más: las Águilas Doradas de Río Negro, que se acogieron a los mandatos del caraqueño Francesco Stifano.
Estos aquilatados antecedentes esperan por Daniel Farías, Leonardo González y todos lo que luego irán de nación en nación, como en el canto de un poeta, en procura no solo de dirigir a un club, sino en busca del eslabón perdido para el fútbol nacional: viajar a Europa a ser técnico de un equipo de aquel lado del mundo. Estar allá, entrenar a un club de nombradía sería fundamental para ellos y para Venezuela. ¿Quién será el primero?
Argentina a la vanguardia
El planeta fútbol se llena de entrenadores nacidos a orillas del Río de la Plata: 68 de ellos se reparten por el mundo dando instrucciones y conocimientos.
La mejor versión se instala en España, donde el Atlético de Madrid con Diego Simeone, Eduardo Coudet enfilando al Celta de Vigo y Jorge Almirón al Elche, se nutren de sus experiencias. En Francia, Mauricio Pochettino está al timón del París Saint Germain, y en Inglaterra, Marcelo Bielsa es seguido por los hombres del Leeds United. En toda América también ellos siembras cosechas: además de Argentina, selecciones de Perú, Paraguay y Ecuador oyen sus charlas y direcciones.
EN TIPS
En medio de las indecisiones, Jorge Sampaoli estuvo a un tris de dirigir a la Vinotinto. Muchos pensaron que el técnico de Santa Fe hubiera sido un gran impulso para el fútbol nacional.
Venezuela
Martín Brignani, con Estudiantes de Mérida, ha sido el último de los entrenadores argentinos en conducir a un equipo en el país.
Memorias
Richard García, al frente del Deportivo Italia, dejó grandes recuerdos en el fútbol venezolano. Los jugadores de entonces aún extrañan al teórico bonaerense.
Ilusión
Noel Sanvicente estuvo cerca de viajar a dirigir en el exterior. Compromisos en Venezuela le impidieron ser parte de la cofradía de los internacionales.




