Cinco goles en dos partidos pueden ser una manera de hablar. Pueden ser argumentos irrebatibles de una prédica de eficiencia o de un lenguaje de goleadores innatos, nacidos para liquidar toda oposición. Sí, todo eso puede ser. Pero, vamos a ir más allá.
Vamos a mirar los avances arrolladores de dos jóvenes que sin tomar en cuenta sus gestas goleadoras comienzan a escribir el libro de una nueva concepción del fútbol mundial. Mirarlos es, en el imaginario popular, como ver a dos tanques panzer alemanes de la Segunda Guerra Mundial en plena faena contra los aliados en el desierto.
Así mismo, Mbappé y Haaland son como dos implacables destructores listos para llevarse por delante a todo un equipo, a una ciudad, a un país. Son muy distintos en lo físico, uno mide 1,78, el otro 1,94, pero que igualen son si los vemos desde la perspectiva contemporánea de ese fútbol que se impone…
Tres goles del francés Kylian Mbappé, dos del noruego Erling Haaland. Equipos españoles despertaron en canchas propias sin opciones reales, porque delante tenían a estos prodigios de 22 y 20 años de edad a quienes no les importa jugar donde se juegue, porque su fútbol, caracterizado por el arranque y la potencia, pero sobre todo por las determinación, es ajeno a localías y a los prejuicios ancestrales.
Su visión ha traído un cambio fundamental: jugadores de poder, pero sin desdeñar sutilezas propias de jugadores de otro tiempo. ¿O acaso no fue un caudal de belleza el tercer gol de Mbappé ante el Barcelona? ¿Y no lo fue el segundo de Haaland frente al Sevilla? Pasados estos partidos de la Champions League habría que calcular cuánto vale uno y otro en el mercado mundial, esa feria de dinero y hoguera de las vanidades que no parece deprimirse no obstante la pandemia y sus consecuencias: ¿200, 250 millones de euros cada uno?…
Entonces, habrá que hacerse la pregunta que ronda en la cabeza del fútbol: ¿el tiempo de Lionel Messi y Cristiano Ronaldo se difumina? ¿Dos nuevos totem han aparecido en el firmamento de las canchas del universo? Habrá que esperar, porque todavía cabe dudar cuánto de ellos es verdad y cuánto de las maquinarias incesantes que alimentan el marketing.
Mbappé y Haaland parecen reales, genuinos representantes de una nueva era al margen de trucos publicitarios. Messi y Cristiano demostraron con los años pasar de largo ante las trampas de la comunicación, ser invulnerables a toda propaganda elogiosa y sobreponerse al mal de ojo de la insana intención. Por eso los dos valores emergentes tendrán que someterse a esas pruebas que algunas veces son dulces lisonjas llevaderas, y otras la guillotina de la Revolución Francesa.
Nos vemos por ahí.




