Los 100 años de Milton Richman (2)

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Cuando a mediados de 1981, Rodolfo José Mauriello entrevistó Milton Richman para El Nacional, el jefe de deportes de la agencia de noticias UPI, en dos de tres oportunidades había votado por Luis Aparicio para el Salón de la Fama de las Grandes Ligas. Mauriello le contó de la decepción que había en Venezuela, donde los aficionados estimaban que Aparicio merecía estar en el pabellón de los inmortales desde la primera oportunidad ante los periodistas votantes.

“Creo que todo periodista, toda persona, tiene derecho a su opinión”, reaccionó Richman, de quien se cumplen este año, cien de su nacimiento. “Sin embargo, el caso de Luis Aparicio tiene sus particularidades. Yo he votado por Luis en dos ocasiones. Depende de las circunstancias. De quiénes ese año aparecen en la votación. Al contrario de Willie Mays, Aparicio está sujeto a opiniones. No es un “seguro” como lo fue Willy Mays en 1979, y como lo será Henry Aaron el próximo año. En mi libro, el venezolano aparece en la quinta casilla entre los más grandes campocortos de la historia”. En ese instante frente a Mauriello, el primero era Joe Cronin.

“Joe Cronin fue un extraordinario guante y excepcional y oportuno bateador”, justificó Richman su punto de vista. “Luego Ernie Banks, buen shortstop con un poder fuera de lo común. Entonces viene Marty Marion, clásico. El cuarto lugar se lo comparten Leo Durocher y Frank Crosetti. Aparicio en el quinto en competencia con Luke Appling, y no olvidemos a Pee Wee Reese y Phil Rizzuto. No es fácil lo de Aparicio en el Salón de la Fama. Es cuestión de opinión”.

Richman votó por Aparicio en 1984, en su sexto chance, y un año en que también resultaron elegidos, el jonronero Harmon Killebrew y el pitcher Don Drysdale, relegados por los periodistas como había ocurrido con el antiguo paracorto de los Medias Blancas de Chicago, los Orioles de Baltimore y los Medias Rojas de Boston entre 1956 y 1973.

Mauriello aprovechó para conocer su opinión sobre los latinoamericanos más notables de la época.

“Minnie Miñoso y Roberto Clemente”, dijo sin dudar, del cubano y el boricua.” Quizás lo dos sean los más grandes jugadores latinos. Miñoso dejó en mí una impresión imborrable. Más profunda que la de Clemente. Naturalmente que si los pitchers entraran en competencia, la selección debía ser Juan Marichal, quien debería estar en el Salón de la Fama. He votado por él y seguirá votando. Se necesita estar ciego para no votar por él. Por mi experiencia y mis conversaciones con quienes vieron a los pitchers del pasado, Marichal debe estar entre los diez más grandes de la historia.

¿Cómo puede estar fuera del Salón de la Fama?

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