Víctor Pellot Power estuvo doce años en las grandes ligas –entre 1954 y 1965- repartidos entre los Atléticos en Filadelfia y en Kansas City, los Indios de Cleveland, los Mellizos de Minnesota, con losAngelinos de California y los Filis de Filadelfia.
¿Cómo era el pelotero que nació en Puerto Rico y falleció en noviembre de 2005 a los 78 años de edad, y a quien hemos dedicado estas dos columnas para sorpresa de muchos lectores?
Una entrevista ofrecida al periodista Danny Peary nos puede ofrecer una idea cercana.
“Me comportaba igual, lo mismo dentro y fuera del terreno, y tenía una debilidad, no podía batear la bola baja y adentro”, explicaba.
“Para superar esa debilidad, lo que tenía que hacer era mantener el bate ahí, bajo y adentro, y moverlo hacia atrás y hacia adelante. Entonces la gente diría, cuidado, se trata de un bateador de bolas bajas y me lanzaban por arriba. Eso era sicología”, bromeaba.
Considerando que no era un bateador de fuerza natural, el método le rindió provecho. En su estadía en la gran carpa, Power completó cinco campañas con averages por encima de los .300 puntos, destacando la de 1955 con .319 al coleccionar 190 imparables. Asimismo incluyó 19 jonrones, 34 dobles, 10 triples y 76 carreras empujadas para los Atléticos en Kansas City.
Sin embargo, su defensa era su atractivo principal. Durante su trayectoria defendió los tres jardines, la segunda base, la tercera y el campocorto, pero fue en la inicial donde estableció su marca de fábrica. Sus siete “Guantes Oro” en la Liga Americana como primera base, los obtuvo ininterrumpidamente entre 1958 y 1964.
Los primeros cuatro con los Indios de Cleveland, los dos siguientes con los Mellizos de Minnesota y un séptimo con los Angelinos de Los Ángeles.
Los “Guantes de Oro” representan la que posiblemente sea la más emblemática de sus agendas, la que tal vez nos lo presente como era realmente. Si tienen una imagen de lo que es un bailarín de salsa, mambo, guaracha o chachá, que le encanta lucirse en la pista de baile, entenderán lo que pretendemos decir.
Así era Power cuando custodiaba la primera almohadilla. Si la situación del juego se lo permitía, se ubicaba lo más profundo posible de la base.
Un estilo que alguien calificó de barroco, rumboso, afrocaribeño, influenciado por los mambos de Pérez Prado.
A los jugadores del cuadro, en especial al campocorto y la segunda base, desesperados por su lejanía, les decía, “solo tiren duro, y más o menos en dirección de la primera base, que yo me encargo. Yo siempre llego primero que el corredor”.
Hoy, cómo hace falta ese beisbol alegre, en el más puro y limpio estilo, de Víctor Power




