Días atrás, escribimos un Tripleplay con el primera base Gil Hodges como protagonista, y esta semana redactamos otros dos, con los jardineros cubanos Tony Oliva y Orestes Miñoso. Cómo entonces no hacer otro con el lanzador Jim Kaat. No hacerlo sería una falta periodística imperdonable.
Kaat junto con Hodges, Oliva y Miñoso, fue elevado este año al Salón de la Fama de las Grandes Ligas por el Comité de Veteranos.
El pitcher zurdo acaparó méritos con cierta tardanza. En la elección de la Asociación de Cronistas de Beisbol de Estados Unidos, su máxima cantidad de votos fue el 29 % en 1993. Una de las carreras más prologadas en la historia de las ligas mayores, fue iniciada por Kaat en 1959 con los Senadores de Washington, antes de transformarse en los Mellizos de Minnesota en la campaña de 1961.
Prosiguió con ellos hasta pasar a los Medias Blancas de Chicago, los Filis de Filadelfia, los Yanquis de Nueva York y los Cardenales de San Luis, para cerrar su largo periplo en 1983 cuando ya contaba con 44 años.
Fue esa trayectoria tan prolongada, lo que lleva ver a Kaat en diferentes facetas. Empezando como lanzador abridor, antes de ir al bullpen como relevista intermedio.
Las dieciséis primeras temporadas de Kaat, transcurrieron entre Washington y Minnesota, de 1959 a 1973. Un período que lo mostró como una manifestación de consistencia, sin los números sobresalientes de otros pitchers de la liga. Pero ganó 205 encuentros. Solo una vez superó los 20 triunfos en una sola campaña, aunque fue el tipo de año con el que sueña todo lanzador, así la alcance una sola vez.
Ocurrió en 1966 cuando fue el líder de la Liga Americana con 25 triunfos, primero en aperturas con 41, en encuentros completos con 19 y en entradas lanzadas con 304. No alcanzó más lideratos individuales, pero con los Medias Blancas tuvo dos más de 20 victorias y una de 300 innings.
A partir de 1977 se traslada al bullpen y termina por desarrollar lo que se convirtió en su marca de fábrica, su habilidad para fi ldear. Junto con sus 283 victorias, 237 derrotas y 17 salvados, el siniestro coleccionó 16 Guantes de Oro, 14 en la Americana, una cantidad aventajada hasta el presente solo por los 18 de Greg Maddux, y las únicas más allá de los diez premios.
Irónicamente, el solo escuchar su nombre, me remite a Sandy Koufax. En la Serie Mundial de 1965 entre los Mellizos y los Dodgers, Kaat venció a Koufax 5-1 en el segundo encuentro, pero luego Koufax lo superó en el quinto y en el decisivo séptimo, con sendos blanqueos 7-0 y 2-0, y los Dodgers conquistaron el clásico.
Ahora quizás volverán a encontrarse en Cooperstown en el Salón de la Fama.




