Por definición, varios de los peloteros elegidos anualmente al Salón de la Fama de las Grandes Ligas a través del Comité de Veteranos, son considerados un “relegado”. En otras palabras, alguien que ha debido traspasar con anterioridad el umbral del templo.
Hay algo de cierto en dicha creencia, aunque hay unos cuantos inmortales, que para muchos entendidos, no tendrían que estar en el santuario. Ciertamente, al final de lo que se trata es de puntos de vista, por muy autorizados que sean los criterios esgrimidos en cada caso. No podemos olvidar que de eso se trata, de los más variados y certeros puntos de vista.
Uno de esos casos es el del cubano Tony Oliva, elegido en esta última oportunidad al Salón de la Fama por el Comité de Veteranos, junto con el inicialista Gil Hodges, el pitcher Jim Kaat y el jardinero cubano Orestes Miñoso. Prever en qué instante Oliva debió ingresar al recinto no tiene sentido.
Ha transcurrido un cuarto de siglo, y en su momento, Oliva fue considerado como potencial inmortal en dieciséis ocasiones por la Asociación de Cronistas de Beisbol de Estados Unidos, entre 1982 y 1996. El tope de votos recibidos fue del 47.3 por ciento en 1988. Recordemos que para ser elegido se necesita como mínimo el 75% de los sufragios disponibles.
Oliva estuvo en la gran carpa durante quince temporadas a partir de 1962, siempre con los Mellizos de Minnesota, para quienes firmó con la venia del legendario cazador de talentos, Joe Cambria, que además movió sus influencias para que pudiera salir de Cuba, ya controlada por la Revolución de Fidel Castro.
Oliva nació en Pinar del Río en 1938 y nunca jugó como profesional en su país. Un jardinero que bateaba a la zurda y lanzaba a la derecha, su primer contrato lo firmó en 1961 como agente libre, y en menos de un año estaba en la gran carpa.
Previamente pasó por la sucursal de los Mellizos, Wytheville, de donde ascendió a las mayores por primera vez, y donde bateó para .410 en 64 juegos, incluyendo 10 jonrones y 81 carreras empujadas.
Antes de quedarse para siempre en las grandes ligas, estuvo en clase A y triple A con averages ofensivos de .350 y .304, más 40 vuelacercas, 169 impulsadas en 273 encuentros entre los dos circuitos.
Era el preludio de lo que estaba por vivir en las mayores con los Mellizos, y con quienes conformaría junto el toletero derecho Harmon Killebrew y el utility panameño Rod Carew, una de las trilogías ofensivas más temibles de la Liga Americana de aquellos años. No son muchos los que han tenido actuaciones en sus primeras temporadas, como las vividas por Oliva.
En la historia de la gran carpa, es el único toletero en coronarse líder bate en sus dos primeras campañas completas, con .323 y .321 en 1964 y 1965 en la Liga Americana.
Luego alcanzaría una tercera corona en 1971 con promedio ofensivo de .337 puntos.
¿Un nuevo Ted Williams?
A mediados de la temporada de 1966, el periódico Tribune de Minneápolis, le dedicó un reportaje que tituló “Dónde queda Cooperstown”. El artículo, asomaba que estaban en presencia de una nueva versión de Ted Williams.
Considerando quién había sido Ted Williams, no era poca cosa lo que insinuaba. En seis de sus primeras ocho campañas, concluyó con promedios superiores a los .300 puntos, en tres coleccionó más de 200 hits, en dos remolcó más de 100 carreras, en siete más de 80 y en tres más de 90. Los dobles fueron su especialidad.
En siete años tuvo más de 30 y en dos más de 40. Además de los tres topes en bateo, fue Novato del Año, asistió a ocho Juegos de Estrellas y ganó un Guante de Oro. Hasta que llegaron las lesiones.
EN TIPS
Esas dolorosas rodillas. En las temporadas de 1972 y 1976, Oliva solo pudo aparecer en 77 de los 224 de la campaña regular, y a partir de 1973, se desempeñó exclusivamente como bateador designado por el pitcher, en 406 de los 648 juegos de los Mellizos. Se retiró con un average vitalicio de .304 y 220 jonrones.
¡Finalmente, al templo de Cooperstown! Sus antiguos compañeros y amigos en Minnesota, Harmon Killebrew y Rod Carew, desde algún tiempo ya exhiben su galardón en el Salón de la Fama en Coopertsow. Cuando Tony Oliva se les una este año ya habrá cumplido sus 84 abriles. De donde se observe, nunca jamás, es tarde cuando la dicha llega.




