Tripleplay | Aniversario de un día especial

Fue un consejo de Rodolfo José Mauriello al llegar a la redacción deportiva de El Nacional, lo que nos llevó a estar en la mayoría, por no decir todos, los grandes momentos de Andrés Galarraga en las grandes ligas.

“No vas a tener oportunidad de seguir a los más destacados. El beisbol lo cubrimos Rubén Mijares y yo”, nos advirtió Rodolfo José.

“Así que ocúpate de quienes vienen subiendo. Después, cuando sean ellos las estrellas, te atenderán de buena gana porque estabas pendiente de ellos, y no de David Concepción y Antonio Armas, aunque eran unos novatos”.

Uno de esos novatos fue Galarraga. Lo entrevistamos varias veces en su casa en Chapellín, el barrio cerca de la urbanización la Florida aquí en Caracas. Le escribimos relatos cuando aún se hallaba en las menores.

Más tarde lo vimos llegar al aeropuerto Simón Bolívar, eufórico por su estreno en las mayores en 1985 con los Expos de Montreal.

En 1993 en Atlanta lo vimos proclamarse como primer venezolano líder bate en las grandes ligas, con promedio de 370 con los Rockies de Colorado.

Presenciamos su juego de despedida de los Rockies en 1997, su estreno con los Bravos de Atlanta en 1998 y su regreso en 2000 con los mismos Bravos, después de su año ausente por problemas de salud.

Así como también contemplamos su despedida como pelotero activo, en el campo de entrenamiento primaveral de los Mets de Nueva York en 2005, apesadumbrado y convencido de que todo había terminado ya.

En todos esos momentos he pensado, porque un 29 de septiembre como hoy, pero de 1996, estábamos en el Coors Field de Denver y vimos como Galarraga desde el cuarto turno de la alineación, coleccionaba un jonrón, un doble y un sencillo, empujaba tres carreras y anotaba otras tres en cinco turnos, para que los Rockies apabullaran 12-3 a los Gigantes de San Francisco.

Era el último día de la campaña, y la exhibición tuvo un toque especial para Andrés. Era la primera ocasión en que conquistaba esas dos categorías ofensivas.

Totalizó 47 cuadrangulares y 150 empujadas para encabezar a la Liga Nacional, mientras que con el total de impulsadas se convertía en el primer toletero en las mayores, con al menos 150 impulsadas desde que Tommy Davis impulsó 153 rayitas en 1962.

En el vestuario, quedamos rezagados en el pelotón de periodistas para entrevistarlo. Sabíamos que al fi nal podríamos conversar con tranquilidad.

Nos ubicó con la mirada, y entonces para sorpres a y vergüenza nuestra, se excusó con los demás colegas.

“Disculpen”, dijo. “El señor hará las primeras preguntas en español”. “El señor” éramos nosotros.

Gracias estimado Rodolfo José, estés dónde estés en este momento.

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