El caudal de dinero ganado por Lionel Messi en sus años en el Barcelona, antes de ser trasladado al París Saint Germain; la bola de plata pagada por este mismo equipo a Sergio Ramos; el saco sin fondo de billetes que la Juventus afloja a Cristiano Ronaldo son noticias que, por su brillo, enceguecen.
Los aficionados se solazan con estas noticias, y hasta llegan a celebrar como si los estelares jugadores fueran miembros de su familia.
Se sacrifican en entrenamientos y partidos, pero luego van de vacaciones en yates de alto lujo luego de parar sus autos de un millón de dólares en los muelles privados. Las mansiones, pues, bien resguardadas con personal de seguridad y alarmas sofisticadas de última generación. “Pobres muchachos, lo que hacen por el fútbol y para que nosotros podamos divertirnos”, se oye por las esquinas de las ciudades.
Mas, detrás de estos generales vive un ejército de pequeños soldados que han visto en el fútbol una manera de solventar la vida, el día a día que los consume. ¿Ganan dinero, también? Sí, pero cantidades ínfimas comparadas con las que obtienen por andar con la pelota al pie las grandes figuras.
Un jugador en España, sin mayor nombradía, un utilitario de los que cada semana alimentan las alineaciones, recibe pagas más altas que las del hombre común, pero ¿cuánto duran sus carreras? Y no hablemos del fútbol venezolano. Muchachos que llegan a ganar 500 dólares cada mes, por decir los más, corriendo encima de las minas antipersonales de las lesiones o el caer en desgracia con los entrenadores.
El caso de Sadio Sané, del Liverpool, es emblemático. Dice no tener carros lujosos como a menudo se ufanan la mayoría de los futbolistas, y prefiere gastar su plata manteniendo a familias de su barrio en el poblado de Sédhiou, en Senegal.
El fútbol no es, al contrario de lo que se piensa, un cuerno de abundancia. Es una profesión como tantas, solo que más breve; la vida útil de un jugador puede llegar, estirando la cuerda, a quince años. Por eso ganan más dinero que un gerente de banco, aunque solo durante los años que son útiles al juego.
En el fútbol, como tal vez en ninguna otra actividad humana, la compensación mira hacia otro frente. El desencuentro entre la riqueza de Messi, Ramos y Cristiano en relación con los demás, vive al lado de la humillación. Y si hablamos de hombres de ciencia, útiles a la sociedad, mejor callar. “Santa Rita, rita, rita, lo que se da no se quita”.
EN TIPS
Pignanellia
Es conocido el caso del hombre que fue figura en Colombia y técnico de la Vinotinto. Murió en la indigencia, en una calle de Bucaramanga.
Naranjo
Puntero veloz e inquietante, defensor de la selección nacional en los años 60 y 70, divagó sin rumbo por Caracas hasta que fue rescatado para la vida.
Garrincha
Entregado a las mujeres y asediado por el alcohol, el gran jugador brasileño terminó su vida sin conciencia de lo que le pasaba en un hospital de Río de Janeiro.
Julio Alberto
Después de exitosas campañas con el Barcelona, fracasos matrimoniales lo llevaron al trago y las drogas. Hoy, regenerado, da clases de fútbol en una escuela de niños.
Y ahora, ¿qué hacemos?
Aunque al futbolista de hoy se le han abierto caminos, sigue siendo un oficio de equilibristas: si te caes, pues te caes.
Al retiro se puede ser técnico o parte de la directiva de los clubes, pero estos son estrados para muy pocos. La mayoría busca otras perspectivas, algunas veces peligrosas y balanceándose entre la ley y el delito.
Mantener el tren de vida puede ser necesario, y por eso aparece, de improviso, la tentación de las apuestas.
El jugador de estos tiempos, no obstante, está más preparado para la vida, con una educación que comúnmente no tenía el jugador de ayer, más propenso al sueño de grandeza que al dinero.




