Stuttgart, Alemania
Más un millón doscientos mil jugadores se baten en toda Alemania cada fin de semana. Esa es la cantidad de afiliados a la Federación Alemana que, desde casi setenta mil clubes conforman un universo de asombro difícil de superar en el mundo. Es en este país donde el deporte es una prioridad en la educación, y obviamente, el fútbol ocupa un lugar de privilegio.
Se pueden mirar en los campos abiertos las partidas de todas las categorías existentes; particularmente fuimos atraídos el fin de semana por juegos en una cancha de Kehl-Sundheim, ciudades gemelas ubicadas entre Stuttgart y Frankfurt y cerca de la frontera con Francia, en la que antiguos jugadores de equipos de la Bundesliga olvidan sus años y algunos sus pronunciadas barrigas cerveceras para echar un pie futbolero y deleitar durante un rato a los cientos de aficionados apostados a los lados de la cancha…
Y mientras Alemania, y casi toda Europa van adelante con innovaciones científicas y entrenamientos reflejados en el fútbol, Suramérica se ha ido quedando atrás. Veamos un partido, por citar un ejemplo, de la Copa Libertadores y de inmediato otro de la Champions League (Liga de Campeones) para que podamos palmar las diferencias, que amenazan con ser abismos, entre una expresión y otra.
Algunas veces nos ha pasado que al afirmar lo que acabamos de decir los sentimientos latinoamericanistas saltan desde sus entrañas para reclamarnos lo que es evidente, y nosotros respondemos con la prueba irrefutable de los resultados internacionales. Bueno, veamos los mundiales de selecciones, los de clubes, y saquemos la cuenta. Desde una época, años 60, 70, 80, 90, en que las fuerzas eran parejas y los cañones disparaban por igual de lado y lado, a la actual, se ha desarrollado el desbalance que aquí citamos. Válganos. El fútbol no es sino un espejo de las diferencias en lo económico, científico y social entre un continente y otro. Copiar esos modelos en los países de América del Sur, Venezuela entre ellos, no sería sencillo, pues se atravesarían en la ruta aquellos factores antes mencionados…
Una personal: alguna vez tenía que tocar hablar quien escribe acerca de quien escribe. Hace unos días apareció en las páginas web de Amazon, “Cumaná, y el Nobel de Matías Martínez”, nuestra cuarta novela, aunque la tercera publicada en esa dirección electrónica. El texto parte de una historia en la que se mixturan la ficción y realidad: ¡dónde estará una y dónde la otra? En el fondo se trata, más que de las peripecias del tal Matías Martínez, de una reverencia que hacemos a la ciudad que nos vio nacer y a la que no hemos dejado de amar.
Nos vemos por ahí.




