Amenudo oímos y vemos en los medios de comunicación los descubrimientos de la geofísica del espacio; el más reciente ha sido conocer los elementos que alimentan al llamado “hueco negro” que delimita el comienzo y el fin de la Vía Láctea, es decir, la galaxia en la que como partículas insignificantes nos movemos y llevamos la existencia humanos, animales y vegetales.
Es un universo que divisamos a golpe simple de vista, pero al que ahora parece faltarle sus integrantes más relucientes: las estrellas.
El universo, válganos, es la Liga Española, y las estrellas que ahora la gente del fútbol añora, pues Cristiano Ronaldo, Sergio Ramos y Lionel Messi.
Todo este sentido figurado nos ha servido para explicar un porvenir inmediato que debe preocupar grandemente, que debe atormentar en las cabezas de la dirigencia del fútbol hispano pues no se trata de “construir” figuras así de la nada, sino de suplir a quien han movido los torniquetes de la publicidad y el dinero durante la década reciente…
La popularidad inmensa de Real Madrid y Barcelona no sabe de fronteras ni de nacionalidades. Peñas de uno y otro las hay regadas por el planeta entero, fundamentalmente por seguir no solo a los clubes de España, sino para deleitarse con las maniobras y sortilegios de los astros en juego.
Se han ido, y no basta con las lamentaciones de Cristiano, los requiebros de Ramos ni las lágrimas de Messi. Eso podía esperarse; lo que no se vislumbra a la redonda son aquellos jugadores dispuestos a tomar el testigo, como en las carreras de relevo en las Olimpiadas de Tokio.
¿Quién viene por el camino, quién aparece retador por las veredas del mundo? ¿Será la oportunidad dorada para Kylian Mbappé, el chance esperado para Pedri, el zarpazo de fiera herida esperado para Eden Hazard?…
La llegada de la pandemia, entrelazada en el tiempo y las circunstancias de las despedidas de los grandes han colocado frente a los jerarcas del jet set del futbol europeo una realidad inesperada, Todo se ha convertido en la mala hora de un espectáculo de presagios y al que por ahora no se le ve una salida de luz.
Bueno, dicen que las cosas no se miran sino que llegan, y eso es lo que espera el fútbol para bien de todos. Algo tendrá que pasar, algún oasis tendrá que pintarse en la aridez de este desierto, porque total, no hay Cristiano Ronaldo, Sergio Ramos ni Lionel Messi que duren cien años, ni fútbol español que lo resista.
Se han ido, sí, “they are gone” y podrán ser otras estrellas, así ahora todo sea dudas espaciales, las que llegarán para integrarse al universo huérfano de estrellas y llenar el hueco negro del fútbol mundial. Nos vemos por ahí.




