Visión de juego | Sincronización demoledora

El primer triunfo del Caracas en el hexagonal A de la Liga Futve confirmó todos los augurios sobre la aplanadora en la que se ha convertido el equipo de Noel Sanvicente.

Sincronizado para jugar a un toque y llevar la pelota al campo rival con una velocidad que pocas veces se acostumbra a ver en el parsimonioso fútbol venezolano; los rojos son un acordeón que se estira y se encoge con un afinamiento diamantino.

El ritmo vertiginoso que impone el Caracas es posible por la calidad técnica y el poderío físico de su hombres de avanzada. Los africanos Osei Bonsu y Samson Akinyoola dejaron atrás sus asperezas para encarar el arco y definir.

El primero ofreció una exhibición de control orientado del balón y un quirúrgico remate cruzado con un compás en el botín para dirigir la pelota en el ángulo imposible de cubrir por el arquero.

Ese primer gol fue posible por la dinámica que con una gran comprensión del juego estableció Manuel Sulbarán, al que en nada le pesó la responsabilidad de distribuir el balón.

El juvenil mostró madurez y una gran inteligencia para manejar los tiempos del partido. Supo desde el primer minuto lo que había que hacer en la cancha.

Aprovechó al máximo la profundidad que ofrece la pareja africana para atacar los espacios y le puso un pase gourmet, tres estrellas Michelín, para que Bonsu saboreó.

A partir de ese gol, Caracas estableció un dominio absoluto, demoledor, gracias a la sociedad que Sulbarán estableció con Richard Celis, Akinyoola y Bonsu.

Este último fue, además, un portento para retroceder en las transiciones defensivas, tapar su banda y recuperar balones para los formidables contraataques del cuadro rojo.

El doblete de Akinyoola fue un reflejo de la superioridad abismal que Caracas tuvo en la mitad del campo. Cada vez que el equipo de Sanvicente recuperaba la procesión, el balón pasaba por el botín de Sulbarán para que Celis tirara sus endemoniadas diagonales, como la que derivó en su disparo tapado a medias por el arquero y el travesaño, que Akinyoola envió al fondo con gran intuición para acompañar la jugada hasta el último minuto.

La trabajada capacidad desarrollada por Akinyoola en este semestre para definir sin apresuramientos quedó patentizada en su segundo tanto, rematando con exquisitez sin dar tiempo al arquero de dar el paso adelante, como mandan los viejos manuales.

Celis ha sido el más beneficiado por la presencia de los africanos en el ataque capitalino, y Onsu le sirvió el cuarto gol en una acción de toma y dame de puros automatismos. Jugando así será muy difícil que Caracas quede fuera de la final.


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