Muchos se preguntarán, porqué Humberto Acosta, con tantos peloteros venezolanos que han pasado, que pasan y pasarán por las grandes ligas, escribe de jugadores “extranjeros”. Debo concederles algo de razón. Sobre todo si vemos las cosas desde un ángulo periodístico.
Sin embargo, también debo aclararles, que para nosotros la nacionalidad del pelotero carece de importancia. Puede tratarse del venezolano Miguel Cabrera, del japonés Shohei Ohtani, o el estadounidense Mike Trout.
Solo nos importa lo que es capaz de hacer en el terreno de juego. Es por ello que hoy nos ocuparemos del boricua Víctor Pellot. Por su habilidad, como por su singular personalidad, que hizo de él un ser singular, lleno de gracia y anécdotas que deseamos compartir y recordar con ustedes. Tal vez resulten de su agrado.
Y para disipar de una vez cualquier duda sobre su genuina condición de pelotero de ligas mayores, sepan que Pellot ganó siete Guantes de Oro como el mejor primera base de la Liga Americana, solo superado por los once de Keith Hernández, los nueve de Don Mattingly y los ocho de George Scott.
Power pertenece a la primera generación de puertorriqueños afro descendientes en las grandes ligas, y pudo ser el primero en la historia de los Yanquis de Nueva York, pero la organización no estaba preparada para superar la discriminación racial. Lo envió a los Atléticos, entonces en Filadelfia, en 1954 aunque en las dos campañas previas había concluido con promedios de .331 y .349, con un liderato de 109 remolcadas en AAA. En su lugar, Los Yanquis llamaron al cátcher Elston Howard.
“Los dueños se negaban a llamar a un pelotero, que además de negro, era latino y que además manejaba un Cadillac color violeta, oía jazz, salía con mujeres blancas y no tenía ningún temor de demostrar su desbordante personalidad”, contaba Power.
“Tampoco les gustaba mi estilo en el terreno. “Tenía un estilo desenvuelto y me llamaban farolero. Pero simplemente esa era mi manera de jugar. Les decía, si los tipos que inventaron el juego, hubiesen querido que uno atrapara la pelota con dos manos, te hubiesen dado dos guantes y solo tenía uno. Era mi estilo“.
Discriminación racial hacia Power en Estados Unidos
El comportamiento de Power fuera del terreno era otra historia, digna de ser evocada como ejemplo de la discriminación racial que reinaba en aquellos tiempos en Estados Unidos, y muy en particular, en las grandes ligas.
“No sabía qué hacer y tuve que valerme de mi buen humor” solía contar. “Solo así podía combatir con una situación tan humillante. Una vez la camarera de un restaurant, me dijo que en su restaurant no le servían a negros. Le respondí, eso es perfecto, yo no como negros. Yo solo quiero algo de arroz y habichuelas.
Una vez en el hotel solo me dejaron dormir encima de una funeraria. Aprendí dos cosas, que los muertos no roncan y no salen de allí. Pero como en Puerto Rico creemos que pueden salir, dormía con un bate en la mano”.
Serie Mundial con su amigo Clemente
En la Serie Mundial Aficionado de 1972 en Nicaragua, Power se unió a la selección de Puerto Rico que dirigía su amigo Roberto Clemente. Buena parte del tiempo la pasó detrás de los peloteros mientras Clemente atendía a los aficionados y a los periodistas. El equipo terminó en el séptimo lugar.
Un eterno consejo
Tal vez no exista una manifestación de sabiduría beisbolera, como aquellas palabras escuchadas a Power durante un Mundial Juvenil celebrado en el Universitario de Caracas, dichas a los muchachos: “Es como digo, sobre todo a los niños. El beisbol se juega bien, aunque salga mal.




