Tripleplay | 60 años de Koufax y Clemente (II)

Insisto que no es más que un azar lo que me une a mis dos héroes de la infancia, casualidad que para ser honesto, se ha prolongado hasta el presente como muchos de ustedes han podido percatarse con el paso de los años. Y si hay algo que me produce un íntimo orgullo, es que mi aprecio por el beisbol de las grandes ligas, surgió el mismo año que se puede calificar de un antes y un después en las vidas profesionales de Sandy Koufax y Roberto Clemente.

En 1961, como Koufax, Clemente ya contaba con seis temporadas de experiencia en las grandes ligas. No arrastraba tanta frustración como Koufax, pero el toletero boricua tampoco había conseguido despegar como sugería su talento. En dos de sus seis campañas había concluido con promedios ofensivos más allá de los .300 puntos, pero así como para Koufax el descontrol había sido un obstáculo, en Clemente las lesiones se habían interpuesto en su camino hacia el estrellato.

Sin embargo, capítulo aparte, en Clemente tiene lugar un suceso que cambió las cosas a su favor.

Muy parecido al consejo que el cátcher Norm Sherry le diera a Koufax antes de aquel juego en medio de los entrenamientos primaverales de 1961, que lo convirtió en el lanzador que hoy está en el Salón de la Fama. En la campaña del año anterior, los Piratas de Pittsburgh ganaron el banderín de la Nacional y mucho tuvo que ver Clemente. Fue el primero del equipo con 94 empujadas y fue segundo en bateo con .314, 179 imparables, 89 anotadas, 16 jonrones y 6 triples. Su compañero, el campocorto Dick Groat, fue electo “Más Valioso” mientras él era relegado al octavo lugar en la votación. Clemente se indignó.

“Los periodistas me hacen sentir mal cuando ni siquiera me consideran”, dijo. “Estoy contento por Dick, pero la votación demuestra que estoy en lo cierto. Los periodistas de la ciudad hicieron campaña en mi contra”. No sé si se habrán dado cuenta, pero a partir de ese instante, son pocas, por no decir ninguna, las ocasiones en que sonrió a las cámaras. Por el resto de su carrera, el puertorriqueño llevó el desaire atravesado en su corazón y en su mente, y entonces aprovechó la campaña de 1961 como el punto de partida de su reivindicación, para demostrar cuán equivocados estaban los cronistas.

En 1961, Clemente bateó .351 para alcanzar el primero de sus cuatro títulos de bateo, consiguió la primera de sus cuatro campañas con 200 hits, ganó el primero de sus 12 “Guantes de Oro” y apareció en el tercero de sus 15 Juegos de Estrellas. Fue el preámbulo de su actuación con etiqueta de Salón de la Fama, culminada en 1972.

Sí, Koufax y Clemente son lo poco que de aficionado al beisbol queda en Humberto Acosta.

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