miércoles, abril 24, 2024
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David y Enzo, antes y después

No pocos niños nacidos en la primera mitad del decenio de los años 70, llevan por nombre Enzo o David, un honor rendido por sus padres a su campo corto favorito.

Asimismo, y al menos las tribunas del Universitario y algunas en los otros estadios, a ratos se partían en dos por los maestros de la posición, mientras que en las páginas deportivas de todo el país, no faltaron periodistas que se despojaron de su supuesta imparcialidad para formar filas detrás de cualquiera de ellos.

Sin complejos de culpa, nosotros entre estos últimos.

“Nunca le hice mucho caso a esas comparaciones”, cuenta David que después jugó en otras veintidós temporadas con los mismos Tigres.

“No son buenas. Creo que hay que darle su mérito a quien haga su trabajo. Enzo estaba dentro del mismo estilo de Aparicio y de Vizquel, con unas manos tan buenas como las de ellos, aunque era más fuerte. Lamentablemente su lesión no dejó que durara más tiempo. Fuimos y somos grandes amigos. Varias veces comí en su casa y él en la mía. Incluso hace poco lo llamé para saber cómo estaba después de operarse la cadera que lo molestó toda la vida”.

“David y yo nos divertíamos con las comparaciones”, recuerda Enzo, que igualmente solo vistió el uniforme de La Guaira hasta el torneo 78-79.

“Fue una época muy bonita. La gente peleaba por nosotros y nos reíamos. Ni siquiera hablábamos de eso. Siempre se lo dejamos a los periodistas y a los fanáticos”.

Concepción tomó parte en 39 de los 60 desafíos de los Tigres en la 67-68, y en tres de sus primeros nueve campeonatos, ayudó al Aragua a ganar los tres primeros título de su historia y a participar en cinco series finales. Hernández estuvo en acción en 32 de los sesenta partidos de los Tiburones, y con él, La Guaira alcanzó dos coronas en sus primeras cinco temporadas y asistió a cinco finales.

Poco tiempo después, los dos llegaron a las ligas mayores. Concepción con los Rojos en 1970 y Hernández con los Padres en 1971.

Allá sus vidas comenzaron a bifurcarse. Siempre con los Rojos, David se mantuvo en combate hasta 1988. A Enzo las molestias crónicas en la espalda no lo dejaron ir más allá de 1978, cuando se despidió de la gran carpa con los Dodgers de Los Ángeles.

A medida que escribía, me fui convenciendo que la sugerencia de Ramón Navarro para que me dedicara a las historias de David Concepción y Enzo Hernández tuvo sentido.

De que ciertamente el beisbol no es más que un juego, aunque posee un toque que nos obliga a tomarlo en serio. De cualquier manera, hace cuatro décadas, la historia quedó partida en dos. Antes y después de David y de Enzo, o antes y después de Enzo y David.

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