En días de pandemia, cuando nos preguntábamos cómo iba a ser la vida de ahí en adelante una vez que el peligro pasara, y creíamos, en la incertidumbre, que el deporte iba a sentir en su vientre el durísimo golpe. Que como la mayoría de las actividades humanas, la enfermedad contagiosa iba a darle palo del bueno.
Que los contratos de los futbolistas iban a ser rebanados. Era, también creíamos, una toma de conciencia de empresarios y jugadores, porque entonces nada iba a ser lo mismo. Que el juego, sin llegar al primitivismo, iba a regresar a sus raíces. Que aquellos contratos siderales habían llegado a su fin, y que luego del Covid todos iban a estar conformes, que iban a pensar en los pobres de la tierra y que las cosas iban, para bien del mundo, a ser diferentes y honestas…
En tales cosas pensábamos; en ese concepto de la inocencia caímos. Pero todo, para la profunda decepción, ha resultado en vías contrarias, en explosiones en las que el detonante es el dinero, y que, como alguna vez escribió el poeta Antonio Machado, ha llegado “la segunda inocencia”, la de no creer en nada.
Es decir, que han podido más las agallas abiertas, la ambición de dueños de clubes y futbolistas que la vida en juego. En estos días el fútbol se ha estremecido no solo por la cantidad de plata que van a pagar los árabes, sino por el personaje involucrado en tal transacción. Vestido de dinero, envuelto en las llamas de un fuego irresistible, el París Saint-Germain recibirá 90 millones de euros además de incentivos, por dejar ir al Al-Hilal a su figura mayor.
Y a Neymar no le ha importado dejar atrás la gloria de recibir alguna vez el Balón de Oro como el mejor jugador de Europa, porque qué carajo, allá también están Cristiano Ronaldo, Karim Benzema, Sadio Mané: Según parece, Arabia Saudita lo puede todo, hasta su derecho de ir al cielo…
Mientras todo esto pasara con el escándalo de uno de los grandes futbolistas de la era actual, Moisés Caicedo, un jugador ecuatoriano sin mayor nombradía en América del Sur, era llevado del Independiente del Valle al Chelsea por 133 millones de euros en la operación más cara en el devenir del fútbol inglés.
Entonces, habría que preguntarse: ¿qué está pasando en el fútbol, en todo el deporte, ahora que varios equipos de grandes ligas, como en una rebatiña, se disputan al japonés Shohei Ohtani con ofrecimientos que pueden llegar hasta 580 millones de dólares? O el contexto deportivo ha enloquecido, o nos estamos quedando atascados en el tiempo, fuera de época. Que viva el dios dinero.
Nos vemos por ahí.




