Camiseta 10 | El “negrito” de Cavani

Intencionalmente dejamos pasar varios días para ocuparnos de este tan escabroso como humorístico tema; o más bien, de este costumbrista asunto, lejos del entendimiento de los señores europeos de la liga de fútbol inglesa. Lo hemos hecho a la espera de alguna reacción contraria de las autoridades, paradas en el otro lado del mundo, no solo geográfico, sino básicamente cultural.

Mas, no ha sido así, y de poco han valido las protestas del resto de los jugadores uruguayos y su Asociación de Fútbol, y de la Academia de la Lengua del país oriental en la que trata a los británicos de incultos e incapaces de comprender la idiosincracia de América Latina.

Todo partió del agradecimiento enviado por Edison Cavani a un compatriota que le había felicitado por haber marcado un gol victorioso ante el Southampton. No se podía sospechar que en aquel mensaje, “Gracias Negrito”, viajaba con alas veloces la suspensión de tres partidos y la multa por 135 mil dólares para el atacante, inocente de aquella connotación dada a su mensaje…

La palabra “negro” puede tener más de un significado. Le decimos “negro” o “negrito” a alguien por puro cariño, como si fuera una palmada en el hombro o la espalda. Así solemos llamar, como lo hizo Cavani, a un hijo o amigo por su piel trigueña y no con connotaciones despectivas. Si alguien utiliza el término para denigrar de algún enemigo, bueno, allá él. Y así lo entendieron por Inglaterra, Dios santo, porque interpretaron el “negro” a pie juntillas, objetivamente y sin darle la vuelta.

Habrá que decirles a los jefes de la isla de Albión la falta que les hace un consejero nacido en el Nuevo Mundo para que les explique los posibles significados del término, y que mientras ellos suspenden a Cavani, por aquí celebramos con júbilo latinoamericano su “negrito” feliz…

Y ahora que hablamos de los colores de la piel, vamos a hacer una cita relacionada con el beisbol. Leímos en “Líder” la reciente columna de Humberto Acosta dedicada a Joshua Gibson, aquel mítico pelotero de raza negra que hizo temblar a los lanzadores de los años 30 y 40 en las llamadas Ligas Negras.

El texto del compañero de tanta batallas nos conmovió profundamente, nos remitió a cosas no vividas pero de alto valor nostálgico, y nos hizo pensar que un bateador del calibre de Gibson hubiese sido, en estos tiempos de integración racial en las Grandes Ligas, un diamante pulido por el que los equipos más encumbrados hubiesen dado lo que no tienen para que jugara en sus clubes. ¿Qué tal hubiese sido irlo a ver, Humberto, y disfrutar de aquellos jonrones de 600 pies del legendario bateador?

Nos vemos por ahí.

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