Diego Maradona estaba sentado en una mesa del comedor del hotel El Tamá, y a sus flancos observaban la entrevista su hermano Lalo y Jorge Czysterpiler, por entonces su manager en todas las negociaciones; corría el mes de mayo de 1985, y Venezuela se alistaba para enfrentar al día siguiente en el estadio de Pueblo Nuevo a la Argentina que al año siguiente sería campeona del mundo en México. Maradona y sus compañeros nos recibieron aquella noche de sábado, y la conversación, de más de media hora, fluyó plácidamente.
El “gordo” Czysterpiler, como cariñosamente lo llamaban, llevó la carrera del 10 desde sus días de inicio, y fue en medio de esos afectos donde comenzó el laberinto en la vida del jugador. Porque detrás de la popularidad de Diego crecían los misterios. Siempre se ha sostenido que fue en Barcelona, en 1982, donde tomó el desvío de su vida en la cocaína, aunque algunos aseguran que fue en sus años en el Napoli y sus relaciones con la Camorra donde comenzaron los extravíos. Hundiéndonos en los entresijos de esa vida, quizá fue la relación con el manager desde donde Maradona partió para no regresar.
Czysterpiler, complacido por el dinero que a raudales llegaba, podía haber sido el surtidor de aquello que por estos días se menciona poco. La yunta no se escondía nada, y las intimidades de esa relación los llevó hasta desembarcar el puerto del infierno de la daga blanca.
¿Por qué Maradona procuró la felicidad artificial y fugaz de la droga? ¿Qué lo hizo ser tan débil cuando él sabía que los focos del mundo estaban sobre su genio? En aquella entrevista en San Cristóbal nos dijo que, aunque de origen pobre, “en mi casa nunca nos faltó nada”. Entonces, tienen que haber sido otros los motivos para una caída que terminó en su casa de Tigre, en el Gran Buenos Aires, tan íngrimo y triste como aquellos defensores que trataron inútilmente de detenerlos en los campos de juego.
Tal vez el encanto de Maradona estuvo en revivir el mito del héroe griego. El que llegó al país quimérico en donde todos querían haber viajado, y por eso la gente le perdonó hasta lo imperdonable. Pero lo que lo definitivamente lo elevó al parnaso, al lugar inaccesible donde morará por siempre, fue el haber sido el único argentino en tomar revancha de los ingleses luego de la humillación de las Islas Malvinas y su denostada guerra. Sí, fue un desquite simbólico, pero ¿de qué otra manera podía haber sido ante la avasallante potencia de Albión?
Maradona lo hizo. Y ese gol será por siempre el de su victoria y el de su indescifrable laberinto.
Contradicción
Siempre atacó a los poderes y defendió las causas populares, pero acumuló una fortuna cuyo monto es otro de sus enigmas: ¿por qué actuó así?
Mundial
En México 86, criticó a los organizadores y a la Fifa por los horarios: todos los partidos fueron a las doce del mediodía en el pleno y ardiente verano de aquel país.
Fracasos
Sus manos alzadas como jugador contrastan con sus continuas derrotas como técnico, incluyendo aquí a la selección argentina en el Mundial Suráfrica 2010.
Mandiyú
Gerson Díaz fue el único venezolano en ser dirigido por él. Fue en 1994, cuando el mediocampista fue fichado por el primer equipo tutoreado por el jefe.
Bryant-El 10
Kobe Bryant fue al baloncesto lo que Maradona al fútbol: figuras indiscutibles y trascendentes. El mundo se entristeció con el accidente en helicóptero que trajo en su seno la desaparición del hombre de los puntos y las cestas, y que fue comentario por varios días.
Y aun siendo dos partidas lamentables, aquel vacío profundo ni se compara con el desatado por el adiós del argentino, que más que un duelo fue un estremecimiento universal.
Kobe fue un recogimiento; Diego una explosión de sentimientos y fanatismo. En fin, dos ausencias irreparables, dos versiones del ser ídolos universales, dos llantos ante lo inexplicable.




