Camiseta 10 | Rayssa, Momiji, Ahmed: la guerra de los niños

A sus trece años, Rayssa Leal ha hecho cambiar la vida en Brasil. Justamente ahora, cuando la violencia hacia la mujer, el feminicidio, se ha puesto infelizmente de moda.

La niña ha cubierto todo espacio con su sonrisa de luces, sus dientes aprisionados en unos brackets, y ha llenado de valor a las mujeres de su país con su hazaña. A su escasa edad, se ha ido convirtiendo en la antorcha que ilumina un camino de dignidades.

¿Y qué ha hecho Rayssa para que engalane las primeras páginas de los diarios, para aparecer en internet, para que los canales de televisión la estén esperando para oír de sus tiernas palabras el cuento de su medalla de plata y de todo lo que la rodeó en aquellos momentos felices? ¿Cuál ha sido su mérito para que la esperen productores que quieren hacer una película sobre su breve existencia? Rayssa, “fadinha” (hadita en portugués) se acaba de convertir en la atleta más joven de Brasil en ganar una medalla olímpica, la de ella en la competencia de skateboarding y transformarse en el “hada de plata” de toda una generación. De ahí ha brotado la lava de ese volcán social que ha hecho erupción con su cimbreante gesta.

Pero, no obstante su determinación, ganar plata es llegar detrás de otra. ¿Y quién fue esa? Otra infante de la misma edad de Rayssa: Momiji Nishiya, una japonesita de igual y decidida actitud que la brasileña. Pero como ya compitieron, todo parece haber terminado.

Para la muchacha de una nación desarrollada, donde la mayoría de conductas inapropiadas típicas de América Latina quedan lejos, sí. No así para Rayssa, quien no solo es ahora bandera de su género, sino también escudo hecho de moral para enfrentarse a los que no creían en ella, y sin darse cuenta, al machismo que sigue imperando en estas sociedades de Suramérica.

Parece que Tokio será el inicio de una nueva era en el deporte universal. Lo anunció Ahmed Hafnaoui, el tunecino invasor de 18 años y con la infancia hace poco dejada atrás, que a brazada limpia venció a los monstruos de Estados Unidos en los 400 metros libres ante las bocas abiertas y la incredulidad del mundo.

Túnez, nación por estos días convulsa y políticamente confusa, tiene ahora en Hafnaoui un héroe recién estrenado.

Rayssa, Momiji, Ahmed. Ha nacido un nuevo sol. La guerra de los niños, como en la canción del querido Roberto Carlos, ha comenzado. Pero no será con balas y cañonazos, sino con las reivindicaciones que el ser humano requiere.

EN TIPS

Venezolana

María Hung, la “china” como se le conoció en la piscina, representó al país en los Juegos Olímpicos Montreal 1976, a los 16 años de edad.

Sueco

Klaus Zerta alcanzó el oro en el equipo de remo a los 13. Lo consiguió en los Juegos de Roma, en 1960.

Italiana

Luigina Giavotti obtuvo la medalla de plata en gimnasia artística por equipos en Amsterdam 1928. A sus 11 años, ha sido la chica más joven en ganar una presea.

Siempre chamos

Es fácil imaginar a los atletas con cuerpos deslumbrantes y músculos relucientes, con pinta de semidioses admirados por la sociedad y colocados en pedestales.

Pero no siempre ha sido así. Dimitrios Loundras, a sus diez años de edad, alcanzó el bronce en la gimnasia por equipos en los Juegos de Atenas, en 1896, los primeros de la historia, para ser el competidor más joven que recuerde el quehacer olímpico.

Esmirriado, pasando por ser un escolar normal y sin ningún atributo a la vista, marcó época en un tiempo en el que ser deportista no era un hecho común. Que se sepa, Loundras nunca más compitió en un encuentro universal.

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