No sabemos si Patrik Schick tiene alguna relación con la marca de hojillas, pero luego de ver el segundo de sus goles ante la selección de Escocia habría que concluir que aquello fue, haciendo una analogía bromista, una suerte de “hojilla” futbolística que dejó parado al arquero escocés.
Recordamos: fue una pelota recibida un poco más adelante del centro del campo, y desde ahí, con su educada pierna zurda, el jugador de la República Checa envió un misil tierra-aire para reventar los guarales de sus adversario y quedar como el mejor gol visto en estos días de fútbol y más fútbol.
La mención del capítulo que tuvo como actor al compatriota de Milan Kundera viene al caso luego de presenciar el partido Chile-Argentina, el mismo día lunes, y con él la narración de un relator argentino que, ligando a la selección de su país, contradiciendo la naturaleza de la transmisión que es para toda Suramérica, elogió hasta empalagar un gol de tiro libre de Lionel Messi ante los australes…
Entonces, habría que echar un vistazo a lo que hoy día sucede en el fútbol. No es que el gol de Messi no haya sido importante, claro que sí, pero lo que no queda bien es la desmesura en las alabanzas.
Y entonces, e inocentemente, las transmisiones internacionales entran en el juego de los poderosos del espectáculo futbolístico con la apología a Messi, a Neymar, a Cristiano Ronaldo, a los ídolos, inventados o no, porque es ahí donde se empata el tubo.
Levantarlos, llevarlos hasta el cielo de los semidioses es magnífico para el gran negocio; ellos venden, y si ellos venden, pues la empresa sigue su gran marcha…
La Eurocopa y la Copa América continúan su paso por los rieles de los partidos, y por ahí, por las calles de Caracas nos hacen preguntas acerca de una y otra. De la que juegan los países europeos la que más nos ha gustado por su alegría traducida en eficiencia en la cancha ha sido la de República Checa.
Y de las de este lado del mundo, Colombia, por su compactación como equipo. No hay, ni ha habido en el fútbol una selección que tenga que depender de un solo hombre, porque este deporte, según sus naturaleza y sus características, es colectivo, grupal, solidario y niega toda acción real de individualismo.
Para muestra, veamos: Cristiano fracasó con la Juventus, Messi naufragó con Barcelona, Neymar se perdió en el bosque con el París Saint-Germain.
Todos dependen de todos, y creer que haya algún salvador, un águila solitaria, es una fantasía. Bueno, a menos que se llame Pelé. Nos vemos por ahí.




