El fútbol puede ser campo propicio para muchas cosas, porque no es nada más que un montón de jugadores corriendo detrás de un balón para empujarlo hacia el campo contrario, así sea esta su verdadera razón. En el universo del fútbol se piensa, y se piensa en trocitos de segundos y antes de que el contrario lo haga antes; el pensamiento es un valor inasible, pero verdaderamente importante en partidos definitorios. Así pasó con el Inter sobre el Milan, y especialmente, en el Manchester City ante el Real Madrid. En los dos partidos de vuelta se impusieron no solo el fútbol superior de unos sobre otros, sino la capacidad para entender a lo que se iba. Y veamos de nuevo los dos juegos; los dos equipos vencedores siempre tuvieron las iniciativas, siempre llegaron antes, y esto nos puede parecer la explicación de su éxito. No obstante, también lo hicieron porque su sentido lógico del juego les llevó a pensar primero: ese es el paradigma…
El Inter, con un equipo más homogéneo que estelar, entendió las acciones que lo llevaron al triunfo; anticipó, buscó los espacios vacíos y no dejó al Milan, atrincherado allá atrás, armarse. Visto esto, qué decir del Manchester City, un huracán que con velocidad y precisión metió al Real Madrid en un rincón del que muy pocas veces pudieron asomarse.
Si imagináramos una figura geométrica, podríamos ver a la cancha inclinada con los hombres del Manchester en el lado de arriba, dirigiendo las maniobras y poniendo las leyes del partido. La velocidad de pensamiento de los ingleses fue una pared incapaz de derribar para los españoles; todo quedó en una demostración de superioridad-inferioridad pocas veces vista en el fútbol de hoy. Así pues, que veremos en la final de Estambul dos clubes de mentes veloces, que se equivocan poco, que juegan al vértigo y al ingenio y que no admiten el fútbol como concepto defensivo. ¿A quién va usted?…
Hace unos días comenzó en Argentina el Mundial Sub 20, y sentir nostalgia por la ausencia de Venezuela fue inevitable. Hace apenas seis años la selección Vinotinto disputó la final ante Inglaterra, y ahora ni siquiera está entre los que buscarán la juvenil corona. Estos torneos tienen esas características; son pasajeros, poblados de jugadores que están hoy sí y mañana no. Desde siempre, a los venezolanos se les ha dado el fútbol en esta clasificación por edad, y por eso es que hoy resulta extraño no tenerlos en el fragor del campeonato. Vemos los partidos, escudriñamos en el valor futbolístico de algunos de ellos, y no ver las camisetas nacionales en las canchas argentinas es un aire tan inevitable como infeliz.
Nos vemos por ahí.




